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Vasco de Quiroga según el papa Francisco
ReL 17 02 2016
El Papa Francisco, en su misa en Morelia (México) el 16 de febrero de 2016, ante 2.000
sacerdotes, consagrados y religiosas, ha puesto como ejemplo de
clérigo al obispo misionero español de Michoacán en el siglo
XVI, Vasco de Quiroga, a quien los indios llamaban Tata
Vasco. Francisco, de hecho, celebró la misa con el báculo del
popular obispo.
Aunque el papa Francisco ha recorrido ya varios países hispanos
y le gusta hablar de "hacer memoria" no suele
dedicar discursos elogiosos a los misioneros españoles de siglos
antiguos, con la excepción del sermón
que dedicó a San Junípero Serra en EEUU. Ahora Tata Vasco se
suma a este "club selecto" de figuras españolas en
América que Francisco ensalza. Estas fueron sus palabras.

Vasco de Quiroga según Francisco
»En este hacer memoria, no podemos saltarnos a alguien que amó
tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que
supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me
pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados.
A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan
grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me
eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez
de Quiroga, Carta pastoral, 1554). Agradezco, paréntesis, al
Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta
Eucaristía con el báculo de este hombre y el cáliz de
él.
»Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador,
conocido también como Tata Vasco, como «el español que
se hizo indio». La realidad que vivían los indios
Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y
vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras
tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de
la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida,
movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas
que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e
injusta.
»El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la
oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre
entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua
purhépecha significa: Papá. Padre, papá, tata, abba. Esa es la
oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.

Conocer mejor a Vasco de Quiroga
Como explica un detallado artículo en ForumLibertas del que nos hacemos eco, Vasco de Quiroga (1470-1565)
nació en la abulense localidad de Madrigal de las Altas Torres.
Por tanto compartía lugar de nacimiento con la Reina Isabel la
Católica, verdadera impulsora del carácter evangelizador de la
conquista de América. Jurista de prestigio, Vasco
llegó a representar a la corona española en el tratado
de paz que se firmó con el norteafricano rey de Tremecén.
Muy interesado en la aventura hispana de las Indias,
ocupaba un alto cargo en la Cancillería Real de Valladolid
cuando le llegó la carta que cambiaría su vida. La reina Isabel,
esposa del Emperador Carlos V, le pedía en la misiva que
accediera a formar parte de la Audiencia que iba a partir en
breve hacia la Nueva España.
Desde el control absoluto de los dineros públicos, hasta el
intento de esclavizar indios, pasando por robos a mansalva, todo
indicaba que en México había que empezar prácticamente de cero.
Aquello no sólo no aminaló al abulense, sino que vio en esas
circunstancias la posibilidad de llevar a cabo sus sueños de
levantar de la nada una auténtica sociedad indígena cristiana,
inspirado en la literatura utópica europea, y en la Biblia.

El obispo, de rojo, junto a la palabra "Utopía" y
la figura de Santo Tomás Moro; ladrillos, misiones y máquinas
de hilar representan su esfuerzo edificador
El 14 de agosto de 1531, escribe al Consejo de Indias pidiendo
permiso para organizar pueblos de indios cristianos. Sin
esperar siquiera respuesta, y comprando con su dinero un terreno
a dos leguas de la capital, fundó el que sería su
primer pueblo hospital indígena.
Una utopía cristiana: los pueblos hospitales
Los pueblos hospitales eran al mismo tiempo pueblos para
vivir, hospitales y escuelas, centros de instrucción misional,
artesanal y agraria, y también albergues para viajeros.
De Quiroga construyó un Oratorio frente a aquel primer pueblo
para estar cerca de los indios. Quiso integrarse totalmente entre
aquellas gentes y para ello estudió su idioma, el náhuatl.
Ese modelo de inculturización habría de repetirse en futuras
fundaciones, en las cuales los sacerdotes estudiaban el lenguaje
de los indígenas a la vez que estos aprendían español. En no
pocas ocasiones, los hijos de los españoles compartieron escuela
con los niños indígenas.
Santa Fe, que así se llamó aquel pueblo, prosperó grandemente
y llegó a contar con 30.000 habitantes. Miles de indios
se bautizaron y pasaron a llevar una vida cristiana que
llamaba la atención a muchos de sus compatriotas. Fue el
principio de una obra que, basándose en el ideal evangélico de
la primera comunidad cristiana de Jerusalén y en la Utopía
de Santo Tomás Moro, al que Vasco había leído con sumo
interés.

Un político para la Jerusalén celestial
Contando con 63 años, Vasco de Quiroga fue a Michoacán para
intentar apaciguar aquella región. La necia actuación de
gobernadores predecesores que sin necesidad alguna habían
arrasado militarmente aquellos pagos, provocó que los indígenas
no quisieran saber nada ni de los españoles ni de su religión.
Por eso, cuando Vasco se presentó allá asegurándoles que la
Corona española detestaba lo ocurrido y pensaba castigar a los
culpables, la sorpresa fue grande.
Pero Vasco no sólo quería ganarles para España sino, sobre
todo, para la Jerusalén celestial. Y así, en uno de sus
discursos les dijo:
«Sólamente tengo amor y afecto para con la nación
indígena. Los mexicanos que vienen en mi compañía
pueden testificar de esto y deciros cómo miles de personas viven
en la actualidad felices en poblaciones que yo he edificado para
ellos. Lo que hice en Santa Fe, deseo hacerlo aquí también.
Pero necesito vuestra cooperación. Vuestra práctica de tomar
varias esposas debe desaparecer. Debéis aprender a vivir
felices con una sola mujer que os sea fiel, de la misma
manera que vosotros le seáis fieles a ella. Debéis también renunciar
a vuestros ídolos y adorar al único verdadero Dios.
Esas informes masas que vosotros habéis fabricado con vuestras
propias manos no pueden protegeros. No pueden protegerse ni a sí
mismas. Traédmelas, de manera que yo pueda destruirlas y al
mismo tiempo libertaros de las cadenas con que el demonio,
príncipe de la mentira, os tiene atados». [R. Aguayo
Spencer, Don Vasco de Quiroga. Documentos 46-47: +Callens
63-65).]
En menos de 4 años, Vasco de Quiroga logró,
sin derramamiento de sangre, la plena pacificación de
aquella región mexicana. Y antes de regresar a la
capital fundó el poblado-hospital de Santa Fe de la Laguna.

De seglar a obispo
No es de extrañar que cuando se pensó en establecer una
diócesis en Michoacán, el obispo Zumárraga
sugiriera el nombre de Vasco de Quiroga como candidato a sentarse
como sucesor de los apóstoles en esa nueva sede episcopal.
Carlos V le propone el nombramiento al papa Pablo III, quien
accede con gusto a pesar de que Vasco de Quiroga era seglar. En
un breve periodo de tiempo, don Vasco recibe las órdenes menores
y mayores. En diciembre de 1538 es
consagrado obispo por Monseñor Zumárraga y al poco
partió para la que iba a ser su diócesis hasta su muerte.
Tata Vasco, como aún le llaman los indígenas, organizó a las
comunidades de la región en actividades específicas: lacas,
cueros, trabajo del cobre, herrería, alfarería, tejidos,
bateas
Entrenó a las comunidades en estos oficios.
Siendo obispo introdujo el cultivo del plátano
en la zona e impulsó la creación de la actividad
ganadera de la región con ganado equino, porcino y lanar.
Como obispo, Vasco de Quiroga se dedicó a fundar pueblos
cristianos, sobre todo en la parte oriental de la diócesis. Tal
fue su fecundidad en esa tarea que años después de su muerte,
su sucesor el obispo Juan de Medina afirmaba que apenas
había una villa con veinte o treinta casas que no contara con su
hospital.
Su obra perduró hasta mucho tiempo después de su
muerte, la cual acaeció siendo ya bastante anciano. Murió
rodeado del amor de su pueblo, como auténtico apóstol de Cristo
para América. Para actuales generaciones de cristianos puede ser
un modelo a seguir, como laico, sacerdote u obispo... como ha
indicado el papa Francisco en su misa en Michoacán.