...Textos.....Artículos.....INDEX

Nuestra doctora nos ha redescubierto el Evangelio

Fue el 11 de julio de 1937 cuando el cardenal Pacelli, Legado del papa Pío XI al Congreso Eucarístico nacional de Lisieux, al inaugurar y bendecir la Basílica de santa Teresa del Niño Jesús en Lisieux, dijo que la santa había redescubierto el Evangelio

Lo repitió, siendo ya Papa, el papa Pío XII, en un discurso que envió como radiomensaje el 11 de julio de 1954, con ocasión de la consagración de la misma Basílica de Lisieux: "Ella ha reencontrado el Evangelio mismo, el corazón del Evangelio":

La porte, étroite en vérité, mais accessible à tous, est celle de l'humilité. Thérèse de l'Enfant Jésus, entrée par elle au paradis, se tient sur le seuil, les bras chargés de roses, et montre sa «petite voie d'enfance». C'est l'Évangile même, le cœur de l'Évangile qu'elle a retrouvé, mais avec combien de charme et de fraîcheur. «Si vous ne redevenez comme des enfants, vous n'entrerez pas dans le Royaume des cieux» (Mt 18, 3).

[La puerta realmente estrecha, pero accesible a todos es la de la humildad. Teresa del Niño Jesús entró por ella al paraíso, se detuvo en el umbral con los brazos cargados de rosas y mostró "su caminito de infancia". Es el Evangelio mismo, el corazón del Evangelio lo que ella ha reencontrado, pero con cuánto encanto y frescor. "Si no os volvéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos" (Mt 18,3)].

«Un caminito totalmente nuevo». «Mi camino está hecho todo él de confianza y amor».

Es el «camino de la infancia espiritual», en el que Jesús pide a sus discípulos que vuelvan a ser «como niños». Es simplemente el Evangelio, el corazón del Evangelio:

«Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3).

«Estoy segura de que, aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de arrepentimiento, a echarme en brazos de Jesús, pues sé cómo ama al hijo pródigo que vuelve a él» (MS C, 36v-37r)

[Al servicio del Reinado del Sagrado Corazón, Francisco Canals Vidal Editorial firmada con este nombre. Revista Cristiandad. Barcelona. jul-septbre 1969. Año XLV. Núm. 700-702. Págs. 1-2]

La tercera reflexión que conviene hacer hoy se refiere a lo más propio y característico, y que tal vez apareció como "singular", del mensaje del P. Orlandis como apóstol de la genuina devoción al Corazón de Jesús. Es este el punto en el que sostiene que Santa Teresita del Niño Jesús con su anuncio del amor misericordioso de Dios y su llamamiento a las "almas pequeñas" a gozarse desde su pequeñez en la omnipotencia del amor paterno de Dios, sintiéndose niños con la infancia evangélica, tuvo la misión de llevar a plenitud en nuestro siglo el designio del Corazón de Jesús revelado a Santa Margarita y admirablemente difundido por el P. Enrique Ramière S. J. y el Apostolado de la Oración.

Lo que el P. Orlandis subrayaba era precisamente la congruencia del modo "sencillo" e "infantil" en que Santa Teresita anuncia la misericordia de Dios hacia las almas pequeñas, para una fructificación en la "humilde y suave confianza", camino único hacia la plenitud de nuestra correspondencia amorosa hacia la caridad divina.

Porque, en cuanto a la claridad inequívoca de la exigencia divina del reconocimiento de nuestra nada y miseria, y del único poder salvífico de Dios, Santa Margarita no había sido menos explícita, aunque tal vez, diríamos con el Padre Orlandis, más severa y en cierto sentido "dura" al comunicarnos las palabras del Señor: "¡Qué tienes tú, polvo y ceniza, de que te puedas glorificar, puesto que no tienes nada de ti misma sino la nada y la miseria que no debes nunca perder de vista, así como tampoco debes salir del abismo de tu nada!, refiere Santa Margarita que le dijo el Señor. Y en otro lugar el Señor le anunciaba: "Te haré tan pobre, vil y abyecta a tus ojos, te destruiré tan fuertemente en el pensamiento de tu corazón, que podré edificarme sobre esta nada".

Pero puesto que el "poder de Dios se ejercita en nuestra carencia de fuerzas", como enseñaba el Apóstol Pablo; y puesto que el anhelo del Corazón cristiano es que se genere en nosotros la imagen del Hijo de Dios, el Señor dio a Santa Teresita del Niño Jesús el don inestimable de hacernos sentir a los cristianos nuestra humillación como esperanzadora gracia, y designio consolador y paternal de la Providencia divina. Santa Teresita del Niño Jesús, y en esto está tal vez la más profunda razón por la que el P. Orlandis la veía como definitivo apóstol de la devoción al Corazón de Jesús, nos exhorta al gozo, a la alegre esperanza en nuestra pequeñez, como camino y lugar en el que podemos sentir, en la forma más plena e íntima, la bondad salvífica y el amor misericordioso de Dios.