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Cristiandad hace cincuenta años

El Padre Ramón Orlandis y «Cristiandad»

JOSÉ Mª PETIT SULLÁ

CRISTIANDAD, Barcelona. Año LV - Núms. 801-802 Marzo-Abril 1998. Pág. 48

Se han cumplido, en el pasado mes de febrero, los cuarenta años de la muerte del Padre Ramón Orlandis y, a propósito de esta efeméride aparecen en este número de la revista varios artículos sobre la insigne figura de este santo y genial jesuita cuya relación con CRISTIANDAD es esencial y constitutiva. Pero hace cincuenta años esta revista seguía animosamente su singladura sin que apareciera en los números de marzo o abril de 1948 la firma del Padre Orlandis. Ello no es de extrañar, pues, como se ha dicho reiteradamente, el Padre Orlandis escribió muy poco en la revista que él inspiró.

Sin embargo, en el número que aparecía elIde abril de aquel año se reproducía parcialmente lo que el Padre Orlandis había escrito tres años atrás (mayo de 1945) cuando aclaraba la relación que mantenía con la recientemente nacida revista CRISTIANDAD. Así pues, casi por un azar se cumplen ahora los cincuenta años de la reaparición parcial de un artículo esclarecedor del Padre Orlandis. ¿Qué tenía él que ver con la revista, elaborada íntegramente por un equipo seglar de redacción?

El editorialista de 1948 reproducía fragmentos de aquel artículo para reafirmar la ortodoxia de la revista. ¿Necesitaba hacerlo? ¿Convenía hacerlo? No era ocioso contestar a estas preguntas -como tampoco lo sería ahora- dada la índole multiforme, social, histórica, filosófica, literaria y aún política de la mayoría de sus artículos. Todo era tratado «sub speciae aeternitatis», bajo el prisma de la expansión del reino de Cristo. CRISTIANDAD gustaba de los temas monográficos en los que colaboraban plumas prestigiosas que accedían a escribir desde campos diversos, en los que se buscaba siempre la seriedad y la calidad. Eran artículos que, además de estar escritos por autorizadas plumas, procuraba su lectura el bien de los lectores.

El director de hace cincuenta años, Fernando Serrano, recordaba esta relación que no es hoy inoportuno reiterar y por ello cerramos este comentario con las mismas palabras del Padre Orlandis S.I.:

«Quien esta advertencia suscribe, no es por cierto el director de la Revista y no es siquiera -aunque algunos puedan creerlo- quien tuvo la iniciativa en su aparición. Es, sí, desde los orígenes, el inspirador de la Revista; no hay para qué disimularlo. Es asimismo, digámoslo así, su curador espiritual en la menor edad. Claro es, dicho sea entre paréntesis, que ni inspiración significa escritura al dictado, ni curatela, entorpecimiento de iniciativa o movimiento».

»De esta su relación con respecto a CRISTIANDAD se origina y en esta relación se funda una ineludible responsabilidad: la de procurar con solicitud competente el bien de la revista, que no es ni puede ser otro, sino el que ésta tienda siempre a su fin, sin tropiezos ni desviaciones... ».

»Exige esto, a todas luces, vigilancia, y quien tenga bien conocido así el fin como la índole de CRISTIANDAD, forzosamente se hará cargo de que la vigilancia no podrá ceñirse al mero cuidado de que en ella nada aparezca que no sea conforme al dogma y a la moral cristiana entendidos estos términos en su sentido estricto. Más es lo que exigen el fin y la índole de CRISTIANDAD: exigen que nada de lo que en ella se publique desdiga en lo más mínimo del nombre que con orgullo --orgullo santo-- ostenta en su portada con caracteres deliberadamente llamativos. CRISTIANDAD desde su primera concepción quiso llamarse «CRISTIANDAD» y rechazó toda otra designación onomástica, tal vez más a la moda, más velada, menos audaz, menos -por qué no decirlo- menos provocativa. y este nombre lo escogió a conciencia, previendo que con él en algunos sectores, sería quizás menos bien recibida, arriesgándose a ver tal vez reducida su publicidad».

»CRISTIANDAD, al elegir este nombre declaró sin rebozo qué vida quería vivir, que quería vivir en un todo del espíritu cristiano, del espíritu de la Iglesia de Jesucristo, de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, de la Iglesia romana, única y verdadera, de la Iglesia cristiana auténtica».

»CRISTIANDAD, por ser CRISTIANDAD, no se encoge ante el peligro de que la motejen de heata y así sin ningún asomo de empacho se profesa a la luz del día devotísima del Sagrado Corazón de Jesús, lo cual a no pocos cristianos podrá parecer una sencilla beatería...».

»No es empero el espíritu de Cristo y de su esposa la Iglesia espíritu de congojas y apreturas. Donde está el espíritu de Dios, allí está la'libertad, la libertad verdadera, la libertad de los hijos de Dios. Por esto precisamente, porque se entrega sin recalcitraciones ni titubeos, sin tacañerías ni minimismos al espíritu maternal de la Iglesia, CRISTIANDAD se gloría de vivir en la legítima y genuina libertad. Por esto siempre dejará a sus redactores y colaboradores la justa y honesta libertad de opinar, en todo aquello que la Verdad eterna deja a la discusión bien intencionada y caritativa de los humildes mortales».