Enseñanzas del papa FranciscoEEEEEESu Santidad FranciscoEEEEE.Inicial

El portavoz de la Santa Sede, Padre Lombardi, ha confirmado en la rueda de prensa del 14 de marzo de 2013 que el nombre del nuevo papa es Francisco y no Francisco I

El portavoz de la Santa Sede Federico Lombardi, junto con los portavoces en español y en inglés, Jose María Gil Tamayo y Thomas Rosica, ha precisado durante un briefing en el Aula Pablo VI, hoy jueves, 2013-03-14, que el nuevo Papa, hasta hace unas horas, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, se llamará "solo Francisco" y no Francisco I, y que el próximo Pontífice que elija esté nombre será ya Francisco II.

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Lo de Juan Pablo I fue un error. Los otros papas que tomaron un nombre que no tenía antecedentes no usaron el numeral I.

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El propio papa dice que su nombre elegido es Francisco

"Algunos no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también en Francisco de Asís. Les contaré la historia. Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba. Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís. Después he pensado en las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís. Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres! Después, algunos hicieron diversos chistes: «Pero tú deberías llamarte Adriano, porque Adriano VI fue el reformador, y hace falta reformar...». Y otro me decía: «No, no, tu nombre debería ser Clemente». «Y ¿por qué?». «Clemente XV: así te vengas de Clemente XIV, que suprimió la Compañía de Jesús». Son bromas..."
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Discurso del papa Francisco a los periodistas que informaron durante la Sede Vacante de marzo de 2013. Aula Pablo VI. Sábado 16 de marzo de 2013)

He escogido el nombre del Patrón de Italia, san Francisco de Asís, y esto refuerza mi vínculo espiritual con esta tierra, donde, como sabéis, están los orígenes de mi familia. Pero Jesús nos ha llamado a formar parte de una nueva familia: su Iglesia, en esta familia de Dios, caminando juntos por los caminos del Evangelio.
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Palabras del papa Francisco en el ángelus del domingo, 17 de marzo de 2013 en la Plaza de San Pedro del Vaticano)

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No es Francisco I

Religión Digital 13 marzo 2013 Nicolás de Cárdenas

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=28164

El cardenal Bergoglio ha tomado el nombre de Francisco para gobernar la Iglesia de Cristo. Desde primera hora, salvo el cardenal Tauran, encargado de dar la magna nueva al orbe, casi todos se han lanzado a hablar del papa "Francisco I", lo que constituye un error del que creo que no será fácil escapar. 

En España, sin ir más lejos, no hemos conseguido librarnos de este error con nuestro monarca, el rey Juan Carlos. 

Sin embargo, nunca nadie ha tenido la tentación de hablar de "San Pedro I". ¿Por qué hacerlo ahora con el papa Francisco?

El uso de los ordinales, según la Real Academia Española, está prescrito para expresar "orden o sucesión en relación con los números naturales e indican el lugar que ocupa, dentro de una serie ordenada, el elemento al que se refieren".

De tal disposición se deduce que, hasta que no haya otro papa Francisco, éste que acaba de ser proclamado no puede ser el primero, pues es el único. Lo mismo que san Pedro, insisto.

Volviendo al ejempo español, reiteraremos que el rey Juan Carlos no será Juan Carlos I (aunque nos hayamos acostumbrado) hasta que haya otro con igual nombre, que sería Juan Carlos II. 

Confío muy poco en que esta realidad sea tomada en cuenta por muchos, pero espero que al menos unos pocos sensatos, pasada la emoción y los errores de arrancada, terminen por entrar en razón.

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La reparación de la Iglesia que Cristo adquirió con su sangre: «¡Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves, está a punto de arruinarse toda ella!»

Salió un día Francisco al campo a meditar, y al pasear junto a la iglesia de San Damián, cuya vetusta fábrica amenazaba ruina, entró en ella, movido por el Espíritu, a hacer oración; y mientras oraba postrado ante la imagen del Crucificado, de pronto se sintió inundado de una gran consolación espiritual. Fijó sus ojos, arrasados en lágrimas, en la cruz del Señor, y he aquí que oyó con sus oídos corporales una voz procedente de la misma cruz que le dijo tres veces: «¡Francisco, vete y repara mi casa, que, como ves, está a punto de arruinarse toda ella!» Quedó estremecido Francisco, pues estaba solo en la iglesia, al percibir voz tan maravillosa, y, sintiendo en su corazón el poder de la palabra divina, fue arrebatado en éxtasis. Vuelto en sí, se dispone a obedecer, y concentra todo su esfuerzo en la decisión de reparar materialmente la iglesia, aunque la voz divina se refería principalmente a la reparación de la Iglesia que Cristo adquirió con su sangre.
(Vida de san Francisco de Asís por san Buenaventura, 3.)

6. El sueño de Inocencio III (LM 3,10)

Asentado ya Francisco en la humildad de Cristo, trae a la memoria la orden que se le dio desde el Crucifijo de reparar la iglesia de San Damián, y, como verdadero obediente, vuelve a Asís, dispuesto a someterse a la voz divina, al menos mendigando lo necesario para dicha restauración, a la que siguió la de otra iglesia, dedicada a San Pedro, y la de Santa María de la Porciúncula.

No tardaron en unirse a Francisco muchos compañeros. El primero fue Bernardo de Quitaval, al que siguieron Pedro Cattani, Gil, Silvestre y otros. Viendo el siervo de Cristo que poco a poco iba creciendo el número de los hermanos, escribió con palabras sencillas una pequeña forma de vida o regla, en la que puso como fundamento inquebrantable la observancia del santo Evangelio, e insertó otras pocas cosas que parecían necesarias para un modo uniforme de vida. Deseando, empero, que su escrito obtuviera la aprobación del sumo pontífice, decidió presentarse con aquel grupo de hombres sencillos ante la Sede Apostólica, confiando únicamente en la protección divina.

En Roma encontraron al obispo de Asís, Guido, quien, enterado de lo que se proponían conseguir, se alegró mucho, y empeñó su palabra de ayudarles con sus consejos y recursos. El obispo había hablado ya al cardenal Juan de San Pablo, hombre importante en la curia papal, de la vida del bienaventurado Francisco y de sus hermanos, y estas noticias habían hecho nacer en el cardenal el deseo de ver al varón de Dios y a algunos de sus hermanos. Así que, cuando se enteró de que estaban en Roma, los hizo llamar, los hospedó en su casa y, edificado de sus palabras y ejemplos, los recomendó ante el papa.

Cuando fueron introducidos a la presencia del sumo pontífice, Francisco le expuso su objetivo, pidiéndole humilde y encarecidamente le aprobara la sobredicha forma de vida. Al observar Inocencio III la admirable pureza y simplicidad de alma del varón de Dios, el decidido propósito y el encendido fervor de su santa voluntad, se sintió inclinado a acceder piadosamente a sus peticiones. Con todo, difirió dar cumplimiento a la súplica del pobrecillo de Cristo, dado que a algunos de los cardenales les parecía una cosa nueva y tan ardua, que sobrepujaba las fuerzas humanas. Intervino el cardenal Juan de San Pablo advirtiéndoles: «Si rechazamos la demanda de este pobre que no pide sino la confirmación de la forma de vida evangélica, guardémonos de inferir con ello una injuria al mismo Evangelio de Cristo». Al oír tales consideraciones, volvióse al pobre de Cristo el sucesor del apóstol Pedro y le dijo: «Ruega, hijo, a Cristo que por tu medio nos manifieste su voluntad, a fin de que, conocida más claramente, podamos acceder con mayor seguridad a tus piadosos deseos».

Se retiraron de la presencia papal Francisco y los suyos, y el Santo, entregado a la oración, llegó al conocimiento de lo que debía decirle al papa. Y en efecto, cuando se presentaron de nuevo al sumo pontífice, Francisco le narró la parábola de un rey rico que se complació en casarse con una mujer hermosa pero pobre, de la que tuvo muchos hijos, añadiendo su interpretación: «No hay por qué temer que perezcan de hambre los hijos y herederos del Rey eterno...». Escuchó con gran atención el Vicario de Cristo esta parábola y su interpretación, quedando profundamente admirado; y reconoció que, sin duda alguna, Cristo había hablado por boca de aquel hombre.

Además les manifestó el papa Inocencio una visión celestial que había tenido esos mismos días, asegurando que habría de cumplirse en Francisco. En efecto, refirió haber visto en sueños cómo estaba a punto de derrumbarse la basílica lateranense y que un hombre pobrecito, de pequeña estatura y de aspecto despreciable, la sostenía arrimando sus hombros a fin de que no viniese a tierra. Y exclamó: «Éste es, en verdad, el hombre que con sus obras y su doctrina sostendrá a la Iglesia de Cristo».
(Vida de san Francisco de Asís por san Buenaventura, 6. Fresco de Giotto: El Sueño de Inocencio III)

En el sueño de Papa Inocencio III pintado por Giotto, Francisco sostiene en sus hombros la iglesia. Es la iglesia de San Juan de Letrán, la catedral del obispo de Roma.