La negociación de Zapatero con la ETA de 2005 a 2007 y siguientes
La negociación del PSOE de ZP con la ETA según Eguiguren
La negociación del PSOE de ZP con la ETA según Eguiguren (I)
En esta primera entrega se recoge el trato que dispensa Jesús Eguiguren a los que se opusieron a la negociación.
LD Mariano Alonso 2012-01-15
Los que dijeron NO
El dúo político periodístico compuesto por el presidente del PSE, Jesús Eguiguren, y Luis R. Aizpeolea evoca con bastante nitidez en su libro ETA. Las claves de la paz las posiciones del PSOE y del diario El País durante la negociación con la ETA de la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Tanto la formación política entonces gobernante como el diario del grupo PRISA no dudaron en señalar a los enemigos del llamado Proceso de Paz, y ahí tuvieron un papel destacado, además del PP y algunos medios de comunicación, dos personas en concreto. Francisco José Alcaraz, a la sazón presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y el entonces como ahora juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska.
Alcaraz, el pepito grillo al que no se consideraba víctima
La primera vez que se refieren al ex presidente de la AVT lo hacen como "un hombre de ideología extremista" que, atención, "había saltado a la fama, en diciembre de 2004 al cerrar, tras Pilar Manjón, las intervenciones en la Comisión de Investigación sobre el 11-M". La referencia al salto a la fama, más propio del mundo de las folclóricas, no parece sino un intento más de desposeer a Alcaraz de su condición de víctima, la que le ha hecho tener un papel social relevante. De hecho Aizpeolea se la niega expresamente, solo unas líneas adelante: "Alcaraz, que hasta entonces era un desconocido, es hermano de una víctima de ETA asesinada, junto a sus dos hijos, en el atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en diciembre de 1987". Es decir, que aquel joven que un día, sin haber cumplido aún la mayoría de edad, vio cómo la banda terrorista ETA le dejaba sin hermano y sin sobrinas no puede considerarse, stricto sensu, una víctima de la banda terrorista. De ahí a exigirle que avalase una negociación en la que Josu Ternera, el asesino de los suyos, tuvo un muy protagonista y relevante papel, no queda ni un solo paso que dar. De hecho se da cuenta de la querella que interpuso contra Eguiguren por unas declaraciones del presidente del PSE a La Sexta en las que hablaba "con toda naturalidad" de su contactos preparatorios de la declaración de alto el fuego de la ETA durante 2005 con el etarra prófugo. Sin citar en ningún momento que se trata del responsable de la criminal acción que cambió para siempre la vida de Alcaraz.
Fernando Grande Marlaska, el juez que no quiso manchar su toga.
Para los anales de la historia de aquella negociación con ETA quedará la frase del Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, en la que se refería a la necesidad de que las togas se manchasen "con el polvo del camino". Metafórica manera de aludir a la necesaria colaboración de una judicatura que en su mano tenía cumplir con una parte del acuerdo entre el PSOE y Batasuna-ETA previo a la declaración de alto el fuego del 22 de marzo de 2006. Un pacto sellado unos meses antes, a final de 2005, en Oslo, tras varios encuentros entre Eguiguren y Ternera. En virtud del mismo el Gobierno de España se comprometía a lo siguiente:
"-Lograr un Pacto de Estado que permita desarrollar la declaración del presidente del Gobierno. [Se refiere a la que realizó Zapatero el 29 de junio de 2006 en los pasillos del Congreso, y no en el hemiciclo, algo que impidió la oposición del PP. El jefe del Ejecutivo compareció sin papeles, y recitó de memoria su compromiso de iniciar un proceso de conversaciones con ETA en el que se respetaría la decisión de los ciudadanos vascos. Intentaba ocultar así su condición de ventrílocuo de un texto redactado previamente entre los etarras y los socialistas]
-Disminución palpable de la presencia policial (controles, etcétera) así como la desaparición de presiones policiales relacionadas con las actividades políticas de la izquierda abertzale. Se entiende que las fuerzas policiales continuarán su trabajo normal en cuanto a actividades delictivas.
-Aceptar de facto que las organizaciones de la izquierda abertzale puedan desarrollar una vida política en igualdad de condiciones al resto de fuerzas políticas y sociales y sin limitaciones de derechos civiles y políticos.
-No realizar detenciones por parte de la Guardia Civil y la Policía Nacional así como por la Ertzaintza y las Fuerzas de Seguridad francesas, salvo que se cometan acciones delictivas. Se acuerda que una plazo de siete a diez días será necesario para que se pueda cumplir esa garantía."
Quizá quienes diseñaron el proceso no contaban con las inquietudes docentes de uno de los jueces estrella de La Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, que en aquel año 2006 decidió pasar una larga estancia por estudios en Nueva York sin dejar de percibir su sueldo como magistrado y negociando unos emolumentos con diversas entidades bancarias por los que en breve deberá sentarse en el banquillo, fuera ya de su cargo en la Audiencia. La baja de Garzón la cubrió Fernando Grande Marlaska, un juez bilbaíno que ya había sido señalado como objetivo por ETA cuando ejercía en la Audiencia Provincial de Vizcaya. Una etapa en la que, según Eguiguren y Aizpeolea, Marlaska fue "testigo privilegiado (sic) de la brutal ofensiva de ETA, posterior a la ruptura de la tregua de Lizarra, que indudablemente le marcó". Un perfil que no casaba con el de juez colaboracionista. Parecido pecado al cometido por Eduardo Fungairiño, oportunamente apartado entonces por Conde Pumpido como fiscal jefe de la Audiencia, cargo en el que le sustituyó Javier Zaragoza. Algo a lo que Eguiguren y Aizpeolea se refieren como "un importante cambio de peones". E igualmente escuece, pasados los años, el papel de otros magistrados como Enrique López y Juan Pablo González, que evitaron que el CGPJ, al que pertenecían como vocales, se sumase a las declaraciones de apoyo a la negociación con los terroristas que proliferaron entonces.
Pero lo cierto es que si de estos tres últimos, especialmente de Fungairiño, no cabía llamarse a engaño, en Grande Marlaska tenían algunos puestas, en vano, sus esperanzas. Pensaron que su condición de hombre progresista o de izquierdas, en particular por su activismo a favor de la causa Gay (su rostro ha aparecido junto al de otros homosexuales famosos en campañas de Sanidad publicitando los preservativos como prevención contra las enfermedades de transmisión sexual), le influiría en su ejercicio profesional. Y todo, claro, porque era un Gobierno del PSOE quien impulsaba una negociación política con una banda terrorista a la que este magistrado había combatido en primera línea. La desazón con la actitud del magistrado queda definida así por los autores del libro: "Las decisiones judiciales de Grande Marlaska contribuyeron a enrarecer el ambiente entre la izquierda abertzale y el Gobierno y a debilitar las posiciones de Otegi y los suyos frente a quienes veían el proceso, desde ETA y la izquierda abertzale, con total reticencia. ¿Cuáles fueron esas decisiones? Veamos.
"¿Esto lo sabe el Fiscal General?"
El miércoles 25 de mayo de 2005 Arnaldo Otegi estaba citado en la Audiencia Nacional. Medio año antes, en noviembre de 2004, había protagonizado su famoso mitin de Anoeta. A los pocos días de la muerte de Yaser Arafat, el portavoz de la ilegal Batasuna blandía un pañuelo palestino evocando la histórica intervención en la ONU del líder Palestino, en la que sacó una rama de olivo para pedirle al mundo que no se le tuviera que caer de las manos para sustituirla por su pistola. La analogía en el caso del líder del brazo político de ETA era evidente.
En los días previos a su declaración había levantado gran revuelo una información del diario ABC en la que relataba un encuentro del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con el filósofo Fernando Savater y el periodista José María Calleja, ambos miembros destacados de la Plataforma Basta Ya, ese mismo fin de semana en el domicilio de una amiga común. Allí Zapatero les habría explicado la oferta de diálogo que había recibido, vía carta, de ETA. Tras el revuelo, Savater matizó el relato en una carta al diario emitida con membrete de La Moncloa. En la misiva, el escritor explicaba que en ningún momento el jefe del Ejecutivo se había referido a la existencia de "una carta u oferta concreta" sino que se había limitado a explicarles, en términos genéricos, sus expectativas sobre un inminente proceso de diálogo con ETA. La maniobra de La Moncloa, con un aparato de comunicación entonces dirigido desde la secretaría de Estado de Comunicación por Miguel Barroso, tenía un objetivo principal: desactivar la manifestación convocada por la AVT para diez días después, a la que ya había confirmado su apoyo el PP.
En esas llegaba Otegi a la Audiencia y esa misma mañana ETA atentaba en Madrid. La banda terrorista causó 52 heridos leves tras hacer explotar un coche bomba con veinte kilos de cloratita en la calle Rufino González, en la zona de Ciudad Lineal. Como era miércoles había sesión de control al Gobierno en el Congreso (en aquel momento se celebraban por la tarde y no a primera hora como ocurre hoy) y allí el ministro del Interior, José Antonio Alonso, pidió que cesara "el ruido" entorno a ETA. Más allá fue el Fiscal General, Cándido Conde Pumpido, que vinculó directamente las bombas etarras con la citación de Otegi.
El líder batasuno no se esperaba una petición de prisión por pertenencia a ETA, como la que hizo el Fiscal Jesús Santos, y por ello soltó una de las frases que definen el Proceso: "¿Esto lo sabe el Fiscal General?". Fue entonces cuando Fernando Grande Marlaska empezó a hacer gala de su independencia y fijó una fianza de cuatrocientos mil euros para Otegi.
Fue el inicio de una serie de actuaciones basadas en la legalidad vigente que molestaron mucho a los actores de la negociación, y por las que Eguiguren hubo de excusarse ante Josu Ternera. Por ejemplo cuando procesó a los miembros del Partido Comunista de las Tierras Vascas, la franquicia con la que Batasuna se había mantenido en el Parlamento de Vitoria tras las elecciones autonómicas de aquel mismo 2005. O cuando más adelante, en enero de 2006, prorrogó la suspensión de Batasuna "una decisión que complicaría sobremanera el proceso en ciernes". Esa suspensión, como es lógico, llevaba aparejada la prohibición de las actividades de la formación, por ejemplo un mitin que los proetarras tenían previsto dar el 4 de abril, algo que no entendieron "ni el Gobierno, ni el PSE ni el Fiscal General" una vez que ETA había anunciado el alto el fuego.
Pero aún había otras dos operaciones que irritaron, e irritan aún, a los muñidores de la negociación: la redada en el Bar Faisán de Irún, frustrada por el célebre chivatazo, y la actuación contra Ignacio de Juana Chaos por un delito de amenazas terroristas, que provocó una campaña del etarra en la que simuló una huelga de hambre. Sobre la primera sostienen Eguiguren y Aizpeolea que sólo se trató de proteger a un confidente privilegiado, el propietario del establecimiento Joseba Elosua, y que tanto Baltasar Garzón como la juez antiterrorista francesa Laurence Le Vert le desaconsejaron que la llevara a cabo. Y sobre De Juana Chaos, unos de los terroristas más sanguinarios de la historia de ETA, lo que sugieren el presidente de los socialistas vascos y uno de los principales cronistas políticos de El País es que Grande Marlaska prevaricó, aunque se cuidan mucho de emplear esa palabra. Se limitan a asegurar que empleó "una argucia legal". Un engaño en el que entró la Fiscalía, no se sabe si también prevaricadora, pero en cualquier caso, según Eguiguren y Aizpeolea "afectada por el clima mediático". Todo para acabar diciendo que aunque tuvo un gran eco "...la huelga de hambre de De Juana fue muy secundaria en la dinámica interna del proceso de negociación del Gobierno y ETA".
Jesús Eguiguren, un político con un papel discreto en El País Vasco, cuyo máximo cargo fue presidir el Parlamento regional, antes de su protagonismo en la negociación con ETA; y Luis Rodríguez Aizpeolea, un periodista que pasó por Egin antes de recalar en El País y que ha centrado buena parte de su actividad como cronista de asuntos relacionados con la banda terrorista, hacen algunas afirmaciones curiosas en su libro. Por ejemplo ésta: "El terrorismo, desgraciadamente, ha servido, también, para impulsar algunas carreras profesionales y no sólo en el ámbito de la Justicia." El subrayado no está en el original.
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La negociación del PSOE de ZP con la ETA según Eguiguren (II)
Aplausos para Otegi y Ternera tras los ataques a Marlaska y Alcaraz
LD MARIANO ALONSO 2012-01-22Tras las duras palabras dirigidas a Grande Marlaska y Alcaraz, todo son parabienes para Otegi y Ternera.
Arnaldo Otegi y Josu Ternera son los hombres clave de la negociación en el otro lado del tablero. Ambos conocen muy bien a Jesús Eguiguren, y no sólo por haber sido compañeros en el Parlamento vasco. Con Otegi se empezó a diseñar desde el año 2000 el proceso de negociación basado en las famosas dos mesas, la de Gobierno y ETA y la de los partidos vascos, incluida la ilegal Batasuna. La primera hablaría de los beneficios a los presos terroristas y la segunda de la territorialidad, eufemismo con el que el nacionalismo se refiere a su afán expansionista para integrar Navarra en la gran Euskal Herria, que incluye también territorios del sur de Francia. Fue con Josu Ternera, un etarra prófugo de la Justicia, con quien Eguiguren concretó a finales de 2005 -en reuniones secretas en Oslo amparadas por los servicios secretos noruegos- la declaración de alto el fuego de ETA del 22 de marzo de 2006.
Txillarre, el punto de partida
La cosmovisión nacionalista impregna en todo momento el relato del periodista Luis R. Aizpeolea, coautor de ETA. Las claves de la Paz, las confesiones de Eguiguren sobre la negociación con la banda terrorista. Su prosa hilvana los recuerdos y reflexiones del presidente de los socialistas vascos. Así nos cuenta dónde empezó el proceso de negociación con ETA: "...en el mismo corazón del conflicto, entre el valle del Urola y el valle del Deba, donde se vive y se mata (...) El caserío reunía todas las condiciones: discreción, tranquilidad y amistad". Se refiere al pequeño caserío de Txillarre en el que Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi comenzaron a reunirse a finales del año 2000. Ejercía de anfitrión un amigo común simpatizante de Batasuna y agricultor ecológico, Pello Rubio. Eguiguren describe así la idoneidad del sitio elegido: "...siempre nos rodeó el paisaje de nuestra niñez (...) Antiguamente los médicos solían aconsejar el regreso a la tierra de los orígenes como medio de recuperar la salud; éste fue el caso de san Ignacio de Loyola regresando a Azpeitia. Las reuniones las tuvimos en Txillarre, en Aizarna y en Azpeitia, siempre en la misma zona".
Parece claro, por lo leído, que tanto Aizpeolea como Eguiguren asumen la idea del conflicto secular de identidades del que la banda terrorista ETA sería consecuencia. De ahí esa apelación al paisaje, a la infancia y a la necesidad de que fuesen dos vascos de la misma generación los que empezasen a desbrozar el camino. Precisamente en el factor generacional incide Eguiguren empleando metáforas que sin duda indignarán a muchos. Esto es lo que le dijo a Otegi: "Más o menos ambos rondamos la cincuentena, no tenemos me refiero al plano económico- donde 'caernos muertos'". Pero no quedó ahí su lamento, ya que también le comentó al líder de Batasuna: "¿No te das cuenta de que somos nosotros los que más sufrimos? Ni mandamos, ni somos la parte social hegemónica de este país; somos las víctimas".
George, Miguel-Miguel, George
"Los del Centro me dijeron: éste es George. Yo sabía que no era George, porque le conocía. Éste es Miguel, dijeron de mí". Junio de 2005, Ginebra. Miguel es Eguiguren y George es José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, el etarra prófugo de la Justicia desde 2002. El Centro es la Fundación Henry Dunant, hoy presidida por Javier Solana, que hasta las conversaciones de mayo de 2007, posteriores al atentado de la Terminal 4 de Barajas, se convierte en depositario de la negociación política entre el Gobierno de España y la banda terrorista que ha matado a un millar de sus ciudadanos. Sus actas son uno de los secretos mejor guardados. No en vano están bajo custodia en la caja fuerte de un banco suizo.
A Ternera le acompañaba Jon Yurrebaso, el etarra que posteriormente, en marzo de 2007, tras ser detenido en un control de la policía francesa, les comunicó a los agentes su condición de negociador y les mostró como prueba varios teléfonos. Uno de esos números era el del ex director general de la Policía y hoy alto cargo del PSE, Víctor García Hidalgo, imputado en el Caso Faisán.
Los encuentros, que se repetirían a finales de ese mismo 2005, tenían un objetivo prioritario: fijar los términos de la próxima declaración de alto el fuego de ETA que, como todas las anteriores, sería fruto de una negociación política. Si en 1998, en Lizarra, los protagonistas eran el PNV y Batasuna, esta vez la llamada izquierda abertzale cambiaba de pareja de baile y acompasaba sus pasos con el PSOE. Una entente que propició el alto el fuego del 22 de marzo de 2006 y toda la hoja de ruta de la negociación.
El proceso tendría dos mesas o carriles, esto último en la terminología batasuna. Por una lado la mesa entre los emisarios del Gobierno y ETA, el considerado carril de arriba para la llamada izquierda abertzale, y por el otro la mesa de partidos o carril de abajo. Esta última reuniría a los partidos vascos incluida la ilegal Batasuna. El PP se negó siempre a figurar ahí, por lo que al final fueron los representantes del PNV y los del PSE quienes negociaron las exigencias políticas de ETA, fundamentalmente la anexión de Navarra, durante doce reuniones secretas en la Basílica de Loyola en el otoño de 2006.
Un "terrorista vip"
Lo cierto es que la contundencia de Eguiguren para referirse a los enemigos del proceso de negociación se convierte en una delicada mirada cuando describe a los etarras, con los que compartía una sana camaradería que le llevaba a entrar en la habitación de Ternera mientras éste se afeitaba. Así encontró a Josu Ternera unos años después de haberle tratado en el Parlamento de Vitoria: "Estaba en esa fase de su vida, con 55 años, en la que le preocupaba el futuro de sus dos hijos y de su vida familiar".
Y así percibió al que hasta entonces era un desconocido, Yurrebaso: "Los años de cárcel le habían dejado esa mirada perdida que comparten con los frailes o religiosos que viven encerrados. Al principio, pensé que era de estos últimos". Por supuesto, ningún atisbo de calificativos como "extremistas" que con tanta facilidad le endosa a una víctima del terrorismo o a un juez independiente.
En la misma línea, Eguiguren se refiere a los descansos en las sesiones negociadoras: "Apenas hablaba de política con George. Como vascos impasibles y aburridos, sólo conversábamos sobre las inclemencias del incipiente invierno nórdico, de lo pronto que anochecía y de si habían salido o no a pasear por el monte". También alude a una cena con Ternera y Yurrebaso: "La conversación, con las copas de vino correspondientes, se prolongó hasta medianoche. Tuvimos tiempo de entrar en el terreno de las confidencias."
Y es que una grata novedad para el presidente de los socialistas vascos era "la actitud como comensales" de los dos terroristas: "Cambiaban totalmente. Se convertían en comunicativos , alegres, bromistas. Sobre todo George [Ternera], que además demostraba entender de vinos y comidas, y se veía que disfrutaba de la mesa. Era un terrorista vip". En este relajado ambiente Eguiguren repasaba la prensa española y le sorprendía que el Foro de Ermua convocase por aquellos días una concentración en defensa de la unidad de España. Al día siguiente discutía con dos etarras los pormenores de una hoja de ruta en la que a los atentados y a las detenciones de miembros de ETA se los denominaba "accidentes".
Como puede verse, la percepción que tiene Eguiguren sobre los etarras se aleja mucho de la habitual, y también de la que dan los manuales académicos sobre terrorismo. Le sorprende, por ejemplo, que los que negociaron con él no encajasen en el perfil de jóvenes descrito en esos textos. Cabría recordar que esa es una condición que se pierde con los años, incluso si uno es terrorista.
Cuando se producía la negociación en Noruega habían pasado décadas desde los primeros atentados cometidos por Josu Ternera y por Yurrebaso, así como de sus primeros ingresos en la cárcel. Pero lo que menos le encaja a Eguiguren es la tipología que en el libro Una historia del terrorismo da el autor francés Walter Laqueur de los miembros de una banda armada como marginales, bohemios, puristas, conspiradores..."Los que yo traté eran gente normal, del país, que requerían otra clasificación."
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La negociación del PSOE de ZP con la ETA según Eguiguren (III)
Zapatero y Rubalcaba, los teléfonos rojos del diálogo con ETA
El libro firmado por Eguiguren y un periodista de El País reconoce que Zapatero y Rubalcaba seguían de cerca la negociación.
LD Mariano Alonso 2012-01-28
El Gobierno y el PSOE negaban, negaban y negaban y sus emisarios dialogaban, dialogaban y dialogaban. Fue la constante de la primera legislatura con respecto a la negociación política con ETA. Los representantes socialistas intentaban zafarse de la presión mediática con eficaces eufemismos. Negaban negociaciones pero con la boca pequeña admitían diálogo, sin que nadie supiese precisar adecuadamente la diferencia exacta entre uno y otro concepto.
Además, se escudaban en que nadie del Gobierno establecía los contactos con la banda terrorista. Esto último era cierto siempre que se aceptase que Jesús Eguiguren, el presidente de los socialistas vascos, actuaba a título particular. Pero incluso en esa hipótesis, cuando José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba dieron luz verde a la línea abierta con Batasuna-ETA asumieron la responsabilidad de todo el proceso. Un proceso del que iban siendo informados, en ocasiones, minuto a minuto, tal y como se recoge en ETA las claves de la PAZ, el libro escrito por Eguiguren y el periodista de El País Luis R. Aizpeolea.
Estas Confesiones del negociador, que así se subtitula la obra, fueron vetadas en su día por Rubalcaba, tal y como desveló el columnista de El Mundo Santiago González. Aizpeolea, cronista político de El País, hubo de conformarse entonces año 2007- con la publicación de un amplio reportaje titulado "Así fue el diálogo con ETA".
De la versión dada en su momento a la de ahora hay un cambio sustantivo, el que se refiere al momento en que la dirección nacional del PSOE, con Zapatero a la cabeza, fue informada de los contactos de Eguiguren con Arnaldo Otegi. Unos encuentros que se iniciaron en el año 2000 y que suponían una violación flagrante del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que los socialistas firmaron con el PP bajo el Gobierno de José María Aznar. Si en aquella pieza periodística se decía que Eguiguren y el líder del PSE, Patxi López, informaron a Zapatero antes de que éste llegara al poder, ahora se asegura que lo mantuvieron en secreto hasta el mismo día de las elecciones generales de 2004. Y que Eguiguren, ni corto ni perezoso, intentó contactar directamente con el jefe del Ejecutivo por el expeditivo modo de una llamada directa a La Moncloa, algo que él mismo atribuye a "la facilidad de los vascos para olvidarse de los protocolos".
Rubalcaba, el correo del Zar
"En la primera conversación que tuve con él, lo que me dejó realmente sorprendido fue que con cuatro cosas que le dije, lo entendió todo al instante. Lo que teníamos entre manos y el riesgo que corríamos. Nunca he conocido a nadie tan rápido de reflejos. Yo hubiera necesitado todo un día para entenderlo". Con este flechazo político se habría iniciado, pues, la relación de Eguiguren con Pérez Rubalcaba tras la victoria electoral del PSOE. Zapatero excluyó al veterano político de su primer Gobierno, pero le reservó un destacado papel como portavoz parlamentario en una legislatura donde sus dotes negociadoras habrían de jugar un papel decisivo en los dos melones abiertos por el nuevo Ejecutivo: el impulso a la reforma del Estatuto de Cataluña y la negociación con ETA.
Mucho se habló de la carta que habría remitido ETA a la Moncloa nada más instalarse en 2004 el nuevo inquilino. Un episodio sobre el que Eguiguren reivindica su protagonismo. Y lo hace calificando de leyenda esta versión de unos hechos que él mismo relata así: "La carta la envió ETA en el verano de 2004 porque nosotros ya habíamos establecido la manera de hacerlo. Me habían avisado, estando de vacaciones en Badajoz, de que el cartero 'llamaba'. Hice en coche los ochocientos kilómetros que me separaban de Euskal Herria [sic], recogí la carta y se la entregué a Alfredo Pérez Rubalcaba, en Santander, para que a su vez se la entregara en La Moncloa". El triángulo Zapatero-Rubalcaba-Eguiguren tuvo desde entonces una fluida y permanente comunicación que excluía, incluso, a la entonces número dos y portavoz del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, quien tantas veces tuvo que dar explicaciones públicas sobre el proceso en marcha y quien, no en vano, sería sustituida con el tiempo por el propio Rubalcaba. Según Eguiguren: "Estas cuestiones no se abordaban ni en el Consejo de Ministros ni siquiera en las reuniones de estrategia de los lunes a las que Zapatero convocaba al núcleo duro de su Gobierno y del PSOE."
Era al entonces portavoz parlamentario socialista a quien Eguiguren reportaba directamente sus encuentros con Josu Ternera. Uno de ellos, celebrado el 2 de noviembre de 2005, coincidía con el debate en el Congreso sobre el Estatuto de Cataluña que había llegado a las Cortes tras su aprobación en el Parlamento catalán, y en el que Rubalcaba defendía la postura de su grupo. Por ello el móvil del portavoz socialista registró durante aquella tarde varias llamadas perdidas del presidente de los socialistas vascos. Cuando se las devolvió pudo cercionarse de cómo marchaban unas negociaciones en las que el emisario del Ejecutivo se comprometía ante el terrorista Ternera a una "disminución palpable de la presencia policial" a "no realizar detenciones por parte de la Guardia Civil y la Policía Nacional así como por la Ertzaintza y las Fuerzas de Seguridad francesas, salvo que se cometan acciones delictivas" o a "aceptar de facto que las organizaciones de la izquierda abertzale puedan desarrollar una vida política en igualdad de condiciones al resto de fuerzas políticas y sociales y sin limitaciones de derechos civiles y políticos". Unos acuerdos en los que se empleaba el término "accidentes" para referirse a los atentados etarras o a las acciones policiales en contra de los integrantes de la banda.
La línea directa y continua entre Eguiguren y Rubalcaba desembocaba de manera natural en Zapatero. De ahí que el presidente del Gobierno, en una rueda de prensa extraordinaria tras el Consejo de Ministros del 10 de febrero de 2006, dijese que "por la información de la que dispongo, el principio del fin de ETA está cerca". Faltaba poco más de un mes para la declaración de alto el fuego de tres encapuchados en nombre de la banda terrorista. Además, la condición de interlocutor privilegiado tenía que convertir al veterano político, tarde o temprano, en el ministro de Interior en sustitución de José Antonio Alonso. El relevo, que se produjo el 7 de abril, dos semanas después del alto el fuego, no cambió la relación privilegiada con Eguiguren, quien comenta: "Interpreté que con el cambio el presidente quería involucrarlo (a Rubalcaba) de manera absoluta en el proceso."
¿Quién hace patinar a Zapatero la víspera de la T-4?
Para la historia de las predicciones fallidas, o directamente ridículas, que un político haya pronunciado nunca queda la eufórica comparecencia de Zapatero el 29 de diciembre de 2006. Realizaba su tradicional rueda de prensa de balance tras el último Consejo de Ministros del año cuando, al abordar la materia antiterrorista, pronunciaba su famosa frase: "respecto a ETA, estamos mejor que hace un año y el año que viene estaremos aún mejor". Esa misma tarde dos terroristas de ETA colocaban en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas el explosivo que activarían a la mañana siguiente, acabando con la vida de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, dos ciudadanos ecuatorianos que en esos momentos dormitaban en sus coches a la espera de la llegada de sus familiares. El diagnóstico del dúo Eguiguren-Aizpeolea no puede ser más claro: "Evidentemente, Rodríguez Zapatero demostró que no era consciente de la gravedad de la situación."
Dos semanas antes, entre el 11 y el 15 de diciembre, había tenido lugar en Oslo, de nuevo con el Centro Henry Dunant como anfitrión y con los servicios secretos noruegos encargados de la seguridad, la tercera ronda de conversaciones entre el Gobierno y ETA. La principal novedad era la ausencia de George, sobrenombre de Josu Ternera, algo que a Eguiguren le hizo presagiar un fracaso "porque él era quien conocía la hoja de ruta". Le sustituía Francisco Javier López Peña, Thierry, un etarra más joven que un año después sería detenido como jefe máximo de la banda. Con él almorzó mano a mano Eguiguren, que se sorprende de que no les reconociera el camarero valenciano que les sirvió la comida. Lo cierto es que nadie conocía entonces a Thierry y Eguiguren nunca ha sido un personaje demasiado conocido fuera del País Vasco.
Según la versión del presidente de los socialistas vascos, el jefe etarra le lanzó varias advertencias muy claras: "que podían atentar donde quisieran y como quisieran (...) que si se rompía el proceso esto iba a ser Vietnam (...) me confesó que responderían a las detenciones que había con un atentado en España. Esto fue dieciocho días antes del atentado de la T-4". Así se lo resumió Eguiguren a su mujer Rafaela Romero, actualmente portavoz del PSE en la Diputación de Gipúzcoa: "le dije que el proceso se iba a romper, que no había nada que hacer". Cabe preguntarse si idéntica visión pesimista se trasladó al Palacio de La Moncloa. Eguiguren respondió a la cuestión a mediados de 2009, a preguntas del periodista Imanol Murua Uria, tal y como se recoge en su libro El triángulo de Loiola: "Yo sabía que iban a atentar. Yo ya di la información que tenía que dar. Tengo testigos, a los que nunca he querido utilizar. Yo trasladé esto: 'Van a atentar en España'. Y me decían: '¡Imposible! Eso sería el final de la tregua'". Además, el presidente del PSE intentaba explicar así la actitud de Zapatero, endosándole parte de la culpa al Cuerpo Nacional de Policía: "Creo que alguien le transmitió una idea positiva en base a informaciones policiales."
La misma idea positiva que los actores internacionales le habrían transmitido al presidente del Gobierno para continuar "en secreto", como reconoce el libro, la negociación con ETA tras el atentado de la T-4. Una negociación que tuvo otros dos episodios. Primero un encuentro Gobierno-ETA en marzo de 2007 y otro Gobierno-ETA-Batasuna en Ginebra en mayo, en plena campaña de las elecciones municipales a las que pudieron concurrir buena parte de las listas de la franquicia etarra ANV. Sobre la mesa, de nuevo, la territorialidad. Es decir: Navarra.
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La negociación del PSOE de ZP con la ETA según Eguiguren (y IV)
Navarra fue el punto central en la negociación de la ETA con Zapatero en la que el PSOE aceptó el marco de Euskal Herria
MARIANO ALONSO 2012-02-11Eguiguren le propuso avanzar hacia la anexión con la UE de modelo. El PSOE aceptó la existencia de Euskal Herria en los encuentros secretos de Loyola.
Las declaraciones de alto el fuego de la ETA no han sido más que escenas de una obra cuyo guión escribían a dúo Batasuna y otra fuerza política del País Vasco. Si en el Pacto de Lizarra que dio origen a la tregua de septiembre de 1998 el brazo político de la banda terrorista lo hizo con el PNV, para el alto el fuego de marzo de 2006 los batasunos probaron suerte con el PSE. Más de una veintena de reuniones entre Arnaldo Otegi y el socialista Jesús Eguiguren (quien en medio de todo el proceso fue nombrado presidente del PSE) fraguaron la gran apuesta política del primer Gobierno Zapatero, con permiso del Estatuto de Cataluña. Se trataba de negociar con la ETA y de hacerlo en dos planos paralelos pero complementarios. Las famosas dos mesas, carriles en el lenguaje de la llamada izquierda aberzale.
En la mesa de negociación, o carril de arriba, emisarios del Ejecutivo español (no necesariamente miembros del mismo) discutirían con la dirección de ETA los beneficios penitenciarios para sus presos y la relajación general en las actuaciones policiales y judiciales contra la banda. En la mesa política, o carril de abajo, los partidos vascos, incluida la ilegal Batasuna, debatirían sobre la territorialidad. Es decir: sobre la soñada Euskal Herria. Y eso, claro, pasaba por uno de los principales escollos que ha tenido siempre el nacionalismo vasco en general y la ETA en particular: Navarra.
En vez de verificar, acelerar
Sin duda, el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quedará para la historia como un continuo inventor de frases con las que afrontar determinados debates políticos. Si su "nación, concepto discutido y discutible" marcó la negociación del Estatuto catalán, para el proceso con la ETA quedará, entre otras, su máxima "primero la paz, luego la política". Una máxima que, como tantas, hubo de adaptarse a los estrechos márgenes de la realidad.
Muy pronto la ETA y su entorno empezaron a dar muestras de lo endeble de su compromiso de alto el fuego que el Gobierno socialista se comprometió a verificar. Justo un mes después del comunicado de los encapuchados etarras, el 22 de abril de 2006, los terroristas incendiaban la ferretería de José Antonio Mendibe, concejal de UPN en Barañáin. Muchos lo atribuyeron al llamado terrorismo callejero, aunque lo cierto es que el atentado dejó cuatro heridos, uno de ellos un bebé, y sus consecuencias pudieron haber sido más graves. El recién nombrado ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, dijo que era un acto "incompatible" con el alto el fuego anunciado y los principales periódicos del día siguiente abrieron sus portadas con la impactante foto de la ferretería en llamas. Libertad Digital publicaba un artículo del diputado del PP y hoy Director General de la Policía, Ignacio Cosidó, en el que recordaba también la extorsión terrorista vigente como prueba de que las intenciones etarras no estaban en la senda del pregonado Proceso de Paz.
Pese a actos como el de Barañáin y otros en la Semana Grande de San Sebastián los terroristas callejeros incendiaron un autobús tras obligar a sus pasajeros a bajar de él- el Gobierno decidió pisar el acelerador. De ahí el anuncio del encuentro que en el Hotel Amara de San Sebastián tendrían Patxi López y Rodolfo Ares con la cúpula de Batasuna, encabezada por Otegi. Una reunión que se le ocultó al líder de la Oposición Mariano Rajoy, que tuvo que enterarse de la misma cuando estaba en el Congreso de los Diputados el 30 de mayo d e2006 realizando un Debate sobre el Estado de la Nación en el que se había pactado excluir la materia antiterrorista. Ello derivó en el surrealista espectáculo de un presidente del Gobierno y un líder de la oposición enzarzados en la estadística de criminalidad como gran y casi único asunto de Estado. El engaño al PP en este terreno se omite en el relato de la negociación hecho en el libro ETA. Las claves de la paz en el que Eguiguren se confiesa con el periodista Luis R. Aizpeolea. También pisó fuerte Zapatero un mes después, el 29 de junio de 2006, cuando anunciaba en los pasillos del Congreso la apertura de la negociación con la ETA. Lo hizo sin papeles, para internar ocultar que no hablaba motu proprio, sino que declamaba un texto pactado con los terroristas.
Junto a la Basílica de Loyola, por la puerta de atrás
Pronto se invirtieron los términos enunciados por Zapatero y la política empezó a ser más importante que la paz en el esquema de los actores del proceso. Dicho de otra manera: enseguida se evidenció que Batasuna-ETA ponía sus sueños territoriales como condición sine qua non para cualquier acuerdo de fin del terrorismo. Había que activar la mesa de partidos cuanto antes, y así se lo propuso a Eguiguren el propio Otegi. Pese a que el ministro de Interior se habría opuesto en principio, Eguiguren consideraba que la ruptura de la hoja de ruta era solo relativa "...porque lo que se pretendía no dejaba de ser un preacuerdo. El PSE apoyó mi propuesta y el PNV, aunque con escepticismo, también. Me encargué yo mismo de hablar con Imaz (Josu Jon) para convencerle. Ése fue el germen de las conversaciones de Loyola".
Durante doce intensas sesiones, la primera el 20 de septiembre de aquel 2006 y la última el 15 de noviembre, tres delegaciones de PSE, PNV y Batasuna se reunieron en el Centro Arrupe, una casa de huéspedes regentada por los jesuitas junto a la Basílica de San Ignacio de Loyola. Hasta ese lugar, ubicado entre Azpeitia y Azkoitia, llegaba cada mañana, con unas gafas de sol y una visera, el entonces presidente del PNV, Josu Jon Imaz, al que acompañaba su líder en Vizcaya, Iñigo Urkullu, quien un año después le sustituiría como líder peneuvista. A Eguiguren le acompañaba el número dos del PSE y hoy consejero de Interior vasco, Rodolfo Ares, y la delegación de Batasuna, que encabezaba Otegi, se completaba con Rufi Etxeberria y Arantza Santesteban. Al PP, tercera fuerza política en el Parlamento de Vitoria, ni estaba ni se le esperaba.
Se trataba de desbloquear el proceso. Pero, ¿cómo? Habla Eguiguren: "Otegi me propuso que la forma de desbloquearlo era llegar a una especie de preacuerdo entre el PSE, Batasuna y el PNV para demostrar a ETA que no estábamos ante el mero objetivo de su rendición, sino con una voluntad real de llegar a un arreglo político que pusiera las bases de una solución de lo que ellos llaman el conflicto".
El arreglo político no podía dejar al margen Navarra, a cuya integración en el País Vasco la Constitución abre una puerta en su disposición transitoria cuarta. Un capítulo que Mariano Rajoy propuso derogar en la última campaña electoral. La versión del PSOE es que nunca se negoció ni se puso en juego la integridad territorial de la Comunidad Foral. Lo cierto es que era el punto central de lo hablado en el otoño de 2006 en Loyola, como reflejan los textos de allí emanados. Pero también algunos aspectos formales e incluso anecdóticos.
Muchos atribuyen a las desavenencias internas en el PNV la ausencia en los encuentros de Loyola del entonces lehendakari Juan José Ibarretxe. Al margen de sus relaciones con Imaz y Urkullu, Batasuna se negaba a que acudiera precisamente por su condición de mero jefe del gobierno regional vasco. Lo explicaba Arnaldo Otegi en declaraciones a Imanol Murua Uria, recogidas en su libro El Triángulo de Loiola: "El PNV proponía que estuviese Ibarretxe, pero nosotros no lo veíamos. Y no lo veíamos por una razón muy simple. La solución que queríamos negociar con el Estado debía afectar a los cuatro territorios [sic], y, desde esa perspectiva la presencia de Ibarretxe sería una distorsión. Por ejemplo, en un momento determinado se planteó que el Partido Socialista Navarro participaría en las reuniones. Y veíamos muy difícil que ningún representante del PSN participara en una mesa donde estuviese el lehendakari vascongado. Ahora, si ellos podían asegurar la presencia de Ibarretxe y de Miguel Sanz [entonces presidente del Gobierno de Navarra], nosotros no tendríamos ningún problema. Pero la presencia solamente de Ibarretxe era una distorsión, por lo que dijimos que no".
En resumen: tres partidos políticos, uno de ellos ilegalizado por formar parte de la estrategia de ETA, y sin contar con la primera fuerza en Navarra, UPN, y la tercera en Euskadi, el PP, pretendían diseñar la futura configuración territorial de esas dos comunidades. Que se trataba de Navarra lo prueba también una anécdota del transcurso de esas conversaciones. El Correo informó en exclusiva de los encuentros, pero con algunas imprecisiones. Por ejemplo situar como integrante de la delegación del PSE a Patxi López y decir que las conversaciones estaban teniendo lugar en la localidad navarra de Elizondo, algo que Otegi atribuye a una mala traducción de las escuchas filtradas a los miembros de Batasuna y a la confusión de ese nombre con la expresión en euskera "eliz ondoan", que significa "al lado de la iglesia". Esa localidad de la Comunidad Foral era desconocida para el socialista Ares, algo que movió a bromas entre los interlocutores, como relata el propio Otegi: "comentamos que la llevábamos clara si queríamos solucionar la cuestión de la territorialidad con alguien que no sabía dónde estaba Elizondo".
En medio de las conversaciones de Loyola, el 23 de octubre, Mariano Rajoy tenía que darle "su palabra de honor" a Iñaki Gabilondo en los micrófonos de la SER (uno de los medios que más remó a favor de la negociación con ETA) de que "Batasuna y el PSE-EE están hablando de Navarra", al tiempo que le pedía a Zapatero un compromiso público de no firmar ningún pacto con quienes estuviesen de acuerdo con la anexión. La advertencia servía para la formación ilegal, pero también para Nafarroa Bai.
En Loyola, durante doce reuniones -en las que se hizo creer a los religiosos que acudían al Centro Arrupe y que tras los biombos que no se podían traspasar se encontraban reunidos unos profesores de Deusto-, Batasuna, el PNV y el PSE elaboraron un Acuerdo-Marco. Todos aceptaban "que existe una realidad conformada por vínculos sociales, lingüísticos, históricos, económicos y culturales llamada Euskal Herria que se constata en los territorios de Araba, Nafarroa, Bizkaia y Gipuzkoa en el Estado Español y Lapurdi, Zuberoa y Baxenafarroa en el Estado Francés" y se comprometían "a promover la creación de un órgano institucional común para los cuatro territorios comprendidos en dichos ámbitos [La Comunidad Autónoma del País Vasco y la Comunidad Foral Navarra]" y planeaban que una delegación del PSN-PSOE se incorporase a los trabajos de la Comisión "a partir de enero de 2007".
La pizarra de Eguiguren, medio año después del atentado de la T-4.
Dijo Zapatero que la situación de la lucha antiterrorista solo podía ir a mejor y atentó al día siguiente ETA, destrozando el aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas y acabando con la vida de dos personas. Dio el Gobierno por roto el proceso pero volvió a las andadas pocos meses después, mientras la actuación providencial de la Fiscalía permitía concurrir a las elecciones municipales a buena parte de las listas de ANV, la nueva franquicia de Batasuna-ETA. Se negoció de nuevo y, de creer a Eguiguren, el hombre clave en esa decisión no formaba parte del Gobierno español, ni del país. Fue el ex primer ministro británico, Tony Blair, quien habría convencido a Zapatero que no diese por finiquitada la negociación política con los terroristas.
Así se llegó a los encuentros entre el 14 y el 16 de mayo en Ginebra. Un cónclave que se celebraba en plena campaña de las municipales y autonómicas de 2007, con el centro Henry Dunant de anfitrión, y con la asistencia de un dirigente del Sinn Fein, Gerry Kelly, y un asesor de Blair, Jonathan Powell. En esta ocasión la mesa negociadora o carril de arriba y la mesa política o carril de abajo coincidían. Como representantes de la primera el jefe de ETA Thierry y José Manuel Gómez Benítez, el jurista al que un año después el PSOE haría miembro del CGPJ. Como representantes del segundo de esos órganos Otegi, Rufi Etcheverría, Rodolfo Ares y Eguiguren, si bien éste último había sido protagonista de las dos mesas y llevaba más de un lustro negociando tanto con los miembros de Batasuna como con etarras como Josu Ternera.
El 15 de mayo, el representante del brazo político del IRA le afeaba a los socialistas que no hubiesen dejado a Batasuna concurrir a los comicios (sí pudo hacerlo buena parte de sus listas, que conquistó concejalías y Ayuntamientos enteros) cuando Eguiguren decidió levantarse y ponerse a dibujar en una pizarra de papel que había en la sala. Un papel que arrancó y guardó al final de la explicación un miembro de la Henri Dunant. Por ello debemos conformarnos con las versiones de Otegi y Eguiguren. El presidente del PSE asegura que propuso una comunidad no única "pero sí compartida" entre el País Vasco y Navarra. Y para ello trazó un paralelismo con la construcción europea desde los lejanos tiempos de la comunidad del carbón y el acero y la interparlamentaria de los estados miembros. Un proceso que, según sus propias palabras, "podía terminar en una comunidad unificada". Otegi asegura que desde el primer momento él y Rufi Etcheverría lo consideraron una "propuesta constructiva" y que, tras preguntarle por la misma uno de los mediadores internacionales presente, le dijo que si eso se ponía sobre el papel habría "seguro" acuerdo. Eguiguren, sin embargo, asegura que Otegi le reprochó que no tuviesen voluntad de acuerdo y que al día siguiente, en la reunión con los jefes de ETA, se puso punto final al encuentro.
El fracaso de la negociación, que ETA certificó en un comunicado días después, evidenció lo imposible de la premisa de Zapatero. La política, la territorialidad, la gran Euskal Herria, son ideales irrenunciables para Batasuna-ETA. Y cualquier negociación sobre el cese del terrorismo debería ocuparse de eso preferentemente.