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Ha muerto Jesús García López en la festividad de santo Tomás de Aquino

FRANCISCO CANALS VIDAL

CRISTIANDAD, año LXII, núm. 891. Oct 2005, pág.35

El pasado 9 de junio, la sección española de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino celebró su acto académico anual. Con la memoria del papa Juan Pablo II –quien, siendo cardenal y arzobispo de Cracovia, intervino, desde 1976, en su fundación y era el número uno de su catálogo de socios– y del profesor Antonio Millán Puelles –que había también colaborado con la SITA y había sido socio fundador de la misma–, el acto académico honró también la memoria del profesor Jesús García López (1924-2005).

Desde muy joven catedrático de Fundamentos de Filosofía, y desde hace tiempo Catedrático de Metafísica de la Universidad de Murcia, Jesús García López, cristiano ejemplar, fue, como estudioso y profesor, un hombre dotado de luminosidad y claridad que sólo alcanzan aquellos cuyo afán por el estudio y la tarea docente o investigadora está impulsado por la modestia y sinceridad de su vocación. Amigo de Jaime Bofill, que le invitó a su casa y le puso en contacto con su maestro, el padre Ramón Orlandis, García López colaboró con nosotros en algunas ocasiones de importancia significativa: en 1984, en el 40º aniversario de la fundación de la revista Cristiandad, aceptó nuestra invitación para participar en los actos conmemorativos. Lo hizo con una intervención pronunciada en la Balmesiana y que se insertó entonces ya en aquella revista. Su título era «Verdad racional y orden natural en el reino de Cristo». Hemos querido reproducirla aquí porque el lector encontrará en ella una de las reflexiones más precisas y fervientes de la vocación que recibimos por el magisterio apostólico del padre Ramón Orlandis, fundador de Schola Cordis Iesu e inspirador de la revista Cristiandad. Me siento gozoso al reiterar ahora su lectura. El sentido de mi gozo no es sólo la complacencia por la evidente afinidad con que García López expone el espíritu y la doctrina que definen nuestra vocación, sino porque la lectura de sus palabras, precisas e iluminadoras, evidencia el sentido universalmente eclesial de las tareas a que nos hemos sentido llamados.

Ahora hemos recibido de Dios un signo misterioso: Jesús García López, que sufría un proceso de Alzheimer, con el dolor de advertirlo y sufrirlo siendo él todavía consciente de ello, terminó su vida al acelerarse el curso de su terrible enfermedad el día 28 de enero de este año, es decir, en el día en que la liturgia recuerda a santo Tomás de Aquino, el santo a cuya doctrina sirvió con su mismo espíritu pacífico y modesto nuestro amigo Jesús García López. Convencido personalmente del sentido providencial de este signo, me siento estimulado a proponer a todos los tomistas españoles, y también muy especialmente a todos los que han encontrado en la espiritualidad y doctrina del padre Orlandis el camino de su vida, el ejemplo de amor a la verdad y de servicio inspirado en este amor a los estudiantes universitarios y a los compañeros de profesorado.

Desde que le conocí en Barcelona, en 1950, y a lo largo de todas las circunstancias en las que tuvimos ocasión de colaborar (en Barcelona, en 1984, con motivo de la aludida conmemoración de nuestra revista; en Madrid, en las reuniones en que se preparó y realizó la fundación de la sección española de la SITA; en Murcia, donde tuve la dicha de participar, por iniciativa suya, y en el ambiente de su cátedra, en unas conferencias sobre el conocimiento según santo Tomás; en Pamplona, en varias ocasiones, y últimamente en el acto de presentación de un libro filosófico suyo), su figura es evocada por mí, recordando siempre dos características de su manera de ser: la igualdad de ánimo, pacífico y coherente, y la alegría íntima, no ruidosa pero sí profunda.

Por esta ecuanimidad, nacida de un ánimo convencido al servicio de la verdad y ajeno a la pedantería y a todo afán por seguir la moda, recuerdo a Jesús García López como un hombre ejemplar. Espero que su ejemplo sea, para todos los estudiosos del pensamiento de santo Tomás, un permanente modelo que nos invite constantemente a librarnos de actitudes inquietas y ambiciosas. La paz de espíritu, inseparable de su servicio a la verdad, espero que sea para todos nosotros la indicación del camino a seguir, la invitación a la perseverancia en la sinceridad, en la búsqueda serena y fiel de aquella verdad «racional» y la coherencia de nuestra vida con la fe cristiana. ¡Que él interceda por nosotros para que seamos partícipes de su espíritu verdadero y pacífico!

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Verdad racional y orden natural en el reino de Cristo ............................. Jesús García López, 1984