La crisis económica iniciada en 2007
Morgan Stanley no descarta la hiperinflación en EEUU, Gran Bretaña y Europa
LD (M. Llamas) 2.02.2009
Morgan Stanley alerta. La expansión monetaria de los bancos centrales y el creciente endeudamiento público de los gobiernos podrían disparar el nivel de precios hasta tasas insostenibles en EEUU, Gran Bretaña e, incluso, otros países de la UE. Recomienda refugiarse ante la hiperinflación.
Se suceden las advertencias. En su último informe, la OCDE alertaba sobre la posibilidad de entrar en una peligrosa espiral inflacionista que, en caso de producirse, será muy difícil de frenar. El propio Rodrigo Rato, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), dejaba entrever esta misma posibilidad la pasada semana. Ahora, la señal de alarma proviene de Morgan Stanley. La entidad financiera acaba de publicar un informe bajo el título ¿Podría surgir de nuevo la hiperinflación? Los analistas ya no descartan ni siquiera esta gran amenaza para el poder adquisitivo de los ciudadanos. En la actualidad, las principales economías del planeta se dirigen hacia una intensa recesión que, incluso, amenaza con transformarse en depresión (estancamiento durante años) en algunos países como, por ejemplo, EEUU y España. A ello, se añade un escenario deflacionista (caída generalizada de precios) debido a la restricción del crédito, la depreciación de activos, el menor consumo, el desplome de la actividad y la búsqueda desesperada de liquidez por parte de los agentes económicos. Expansión monetaria de la banca central Sin embargo, el horizonte podría ser aún más aterrador. La hiperinflación acecha. El estudio analiza la posibilidad de que los precios se disparen en EEUU, Gran Bretaña y gran parte de Europa. Y ello, debido a la expansión monetaria desarrollada hasta el momento por la banca central con el objetivo de salvar al sistema financiero, así como a los rescates públicos aprobados por la gran mayoría de los gobiernos con el fin de rescatar a sus respectivas economías. El crecimiento de la base monetaria (dinero en circulación) y el excesivo endeudamiento público podrían provocar una "inflación muy elevada o, incluso, una hiperinflación". Es decir, una subida de precios superior al 50% mensual. No sería la primera vez. Durante las últimas décadas, este proceso ha tenido lugar en numerosos países: Austria, Alemania, Hungría, Polonia o Rusia durante los años 20; o Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Ucrania y Zimbabue desde los años 50 La raíz de este problema reside, según el documento, en el "excesivo crecimiento de la oferta monetaria, por lo general a causa de las instrucciones dictadas por los gobiernos a los bancos centrales con el fin de ayudar a financiar el creciente gasto público mediante la creación de dinero rápido". Es decir, mediante la impresión de billetes para adquirir deuda pública de los distintos gobiernos. Excesivo endeudamiento público Precisamente, en las últimas fechas, tanto la Reserva Federal de EEUU como el Banco Central de Inglaterra vienen anunciando la posibilidad de poner en marcha medidas "no convencionales" para reactivar la economía ante el fracaso de las inyecciones de liquidez aplicadas hasta el momento a la banca. La estrategia consistiría en la compra de deuda pública mediante la impresión de nuevos billetes. De hecho, el Banco Central Europeo (BCE) tampoco descarta esta posibilidad. Y es que, las terapias monetarias de choque se agotan, después de que los principales bancos centrales del planeta iniciaran la rebaja coordinada de tipos hasta niveles próximos al 0%, tal y como avanzó LD. Morgan Stanley advierte de que si la banca central insiste en esta estrategia de expansión monetaria, la hiperinflación no se puede descartar. El problema es que el crecimiento que presenta la base monetaria en la actualidad carece de precedentes, sobre todo, en EEUU.

El segundo factor de riesgo que identifican estos analistas consiste en que los gobiernos se encuentren con dificultades para financiar sus gigantescos planes de rescate público. Es decir, la posibilidad de que algunos países no puedan colocar toda la emisión de deuda pública que tienen previsto ya que, en ese caso, el coste de la financiación pública se dispararía hasta niveles insostenibles. Por último, los inversores podrían empezar a desconfiar de la capacidad de algunos gobiernos para poder hacer frente a los pagos de su deuda pública sin tener que recurrir a la impresión de dinero ex novo. En ese caso, el riesgo es que algunos estados terminen en bancarrota. Todos estos factores, en caso de suceder, podrían generar la temida hiperinflación. Buscar refugio No obstante, la entidad advierte de que , "teniendo en cuenta el tamaño de los actuales y futuros problemas económicos y financieros, y dado el tamaño de los estímulos monetarios y fiscales que los bancos centrales y los gobiernos están aplicando, los inversores no deberían descartar este riesgo". La entidad recomienda, incluso, que se refugien en algún activo que sirva de "seguro" para contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo, ahora que "todavía es relativamente barato". Tras la caída del muro de Berlín y la descomposición del bloque soviético, los países del Este de Europa se enfrentaron a una situación similar. Entonces, los ciudadanos se refugiaron de la depreciación de sus divisas mediante la compra de dólares en el mercado negro. Sin embargo, en la actualidad, y dado que la hiperinflación podría sacudir también a EEUU, el dólar ya "no sería una opción". En este sentido, algunos de los clientes más importantes de Merrill Lynch apuestan por la compra de oro.
--------------------------
¿Cómo se llega a la hiperinflación?
LD Autores Invitados 13-01-2009
El siglo XX ha sido testigo de todo tipo de
desórdenes monetarios: el abandono del patrón oro, el
monopolio de emisión del dinero y las leyes de curso forzoso
han dado alas a gobiernos irresponsables que para hacer frente a
sus obligaciones no han dudado en inflar la moneda hasta límites
estratosféricos sin tener en cuenta las terribles consecuencias
de sus políticas. Aunque la hiperinflación más conocida
es la alemana, muchos otros países han sufrido procesos
hiperinflacionarios: Rusia (1914-1923), Grecia
(1941-1944), Chile (1972-1974), Hungría (1945-1946), Austria
(1921-1922), México (1982-1988), Perú (1988-1990), Nicaragua
(1985-1990), etc. Con este artículo pretendo realizar un
análisis teórico de estos procesos. Antes de nada
conviene aclarar qué se entiende por hiperinflación y
en qué se diferencia de la inflación. En principio, la
inflación podemos definirla como el aumento de las
existencias dinerarias de una economía1,
mientras que la hiperinflación sería un aumento muy
fuerte y prolongado en el tiempo de estas existencias monetarias.
Esta diferenciación es imprecisa y por este motivo al final de
este artículo haré una matización teórica más adecuada sobre
este asunto. Dicho esto, pasemos a analizar teóricamente
estos fenómenos. Las hiperinflaciones son procesos muy complejos
y cada una tiene sus propias peculiaridades; sin embargo pueden
caracterizarse por constar de tres etapas: 1.
El punto de partida de una hiperinflación suele ser la decisión
del Gobierno de imprimir nuevo dinero sin ningún tipo de
respaldo metálico con objeto de autofinanciarse. De
esta forma el Gobierno puede ahora hacer frente a sus
obligaciones y gastos sin tener que subir los impuestos: pagar a
sus funcionarios, amortizar la deuda pública, cubrir déficits
de empresas estatales, financiar una guerra, etc. Es
importante señalar que el nuevo dinero entra en el mercado por
determinados conductos y en cantidades muy variables; como es
lógico, los primeros precios en subir son los de aquellos bienes
y servicios que son demandados por el Estado en un primer
momento. Los productores de estos bienes y servicios ven cómo
sus retribuciones aumentan y éstos a su vez utilizan este dinero
nuevo para comprar otros bienes y servicios en el mercado y,
consecuentemente, los precios de estas mercancías demandadas en
una segunda oleada por el nuevo dinero también comienza a
elevarse, etc.; y así, en oleadas sucesivas el nuevo dinero se
extiende paulatinamente por todo el mercado. Hay que
insistir en que las subidas de precios ni son proporcionales
(algunos precios suben más que otros, otros se estancan o
¡incluso bajan2!) ni instantáneas (pues los precios
se ven afectados en etapas sucesivas). Los economistas
neoclásicos, basándose en la mecanicista teoría
cuantitativa del dinero, han utilizado el símil de que el
efecto de la inflación (entendida como el aumento de la oferta
monetaria) es una subida de un supuesto nivel de precios
como si de la subida de una marea se tratara. Pues bien,
ni existe un nivel de precios3 ni
éstos aumentan como la subida de una marea: lo que la inflación
produce podría caracterizarse más bien como un terremoto que
trastoca todos los precios de la economía.
Al inicio de este proceso los individuos no suelen
ser conscientes de lo que está pasando exactamente:
muchos de ellos tan sólo observan que determinados bienes y
servicios están aumentando de precio en el mercado y piensan que
se trata tan sólo de subidas transitorias y que en un futuro
próximo los precios bajarán. Por tanto, bajo estas expectativas
actúan empresarialmente restringiendo sus compras y aumentando
sus saldos de tesorería. Así se produce un aumento de la
demanda de dinero como depósito de valor, ya que el público
sigue percibiendo que el dinero tiene la misma calidad que
antaño. Como acertadamente señala4 Rothbard,
este aumento inicial de la demanda de dinero tiene dos efectos:
el primero, los precios tienden a aumentar menos que lo
que proporcionalmente aumentan las existencias monetarias en la
economía; y el segundo, el Gobierno al principio
obtiene más recursos reales del público de los que había
esperado. Esta primera etapa puede durar incluso años
dependiendo de la velocidad a la que se incremente la masa
monetaria y de la credibilidad del Gobierno en ese momento.
2. Sin embargo, llega un momento
en que las masas despiertan súbitamente y se dan cuenta
de que la inflación es una política deliberada que el Gobierno
utiliza para financiarse y que proseguirá sin interrupción. La
estrategia de los individuos cambia de inmediato: el público
intenta defenderse de la inflación tratando de canjear sus
existencias monetarias por bienes reales, los necesiten o no.
La gente se da cuenta de que sale ganando si compra hoy en
vez de esperar al futuro cuando el poder adquisitivo de la unidad
monetaria será mucho menor. Es decir, la estrategia empresarial
para sobrevivir a este caos monetario consiste en reducir al
mínimo los saldos de tesorería individuales y tratar de
adquirir todo lo comprable con el objetivo de conservar el valor
de su riqueza. Por tanto, la demanda de dinero como
depósito de valor se desploma: la unidad monetaria ya no sirve
para conservar el valor a lo largo del tiempo. Los bienes que son
usados como valor-refugio en una hiperinflación pueden ser de lo
más variado: trigo, bebidas alcohólicas, madera, ropa, etc.
Este descenso abrupto de la demanda de dinero como
depósito de valor tiene dos efectos inmediatos justo en sentido
contrario que en la primera etapa: primero, el
crecimiento de los precios se acelera, y este aumento es más que
proporcional que el incremento de la oferta monetaria, hecho que
retroalimenta el proceso de depreciación del numerario; y segundo,
el Gobierno obtiene menos recursos reales del público de lo que
había esperado. Sin embargo, es preciso añadir que el Gobierno
seguirá obteniendo recursos reales del público mientras el
dinero se siga usando en el mercado.
No debemos caer en la trampa de las cuantitativistas de pensar que la única causa de la hiperinflación es el exceso de emisión de dinero y las expectativas de mayores aumentos del mismo. El precio del dinero (es decir, su poder adquisitivo) también viene determinado por su calidad como activo que puede conservar el valor a lo largo del tiempo. Y dado que ahora los individuos (acertadamente) consideran que el dinero ya no puede cumplir esta función, su valoración sobre el mismo se desploma (y por supuesto esto reduce aún más su poder adquisitivo).
Por tanto, como vemos, la demanda de dinero como depósito de valor se reduce a cero. Sin embargo, al mismo tiempo que esto ocurre se incrementa fuertemente la demanda de dinero como medio de cambio: los individuos se ven obligados a movilizar grandes sumas de papel moneda durante cortos periodos de tiempo para poder adquirir bienes que diariamente multiplican su precio. En esta situación suele ocurrir algo que muy curioso: ¡los precios crecen tan sumamente rápido que el dinero existente en la economía es insuficiente para vaciar los mercados! Es decir, la incesante emisión de circulante es incapaz de seguir el astronómico alza de los precios de los bienes y servicios y, en consecuencia, no hay suficiente dinero para realizar las transacciones mercantiles diarias. Así se producen enormes quejas respecto a la escasez de dinero en la economía y el Gobierno responde ante esta escasez emitiendo a un ritmo creciente más y más circulante que nunca es suficiente para vaciar los mercados. 3. En la última etapa de la hiperinflación el sistema monetario queda destrozado; la moneda deja de utilizarse en las transacciones comerciales, su poder adquisitivo se reduce a cero y el Estado ya no puede seguir utilizando la inflación como método de recaudación. Los individuos vuelven al trueque o adoptan alguna nueva moneda. En esta situación, lo normal es que el Estado cree una nueva moneda canjeable por la antigua para restablecer el sistema monetario.
Un billete de 100 millones de dólares
zimbabuenses Suele ocurrir que para dar credibilidad
a esta nueva moneda se respalde (aunque sea ficticiamente) con
oro, tierras, etc. Además, en muchas hiperinflaciones, cuando
los individuos repudian la moneda nacional pasan a utilizar
divisas extranjeras de mayor credibilidad, como por
ejemplo en las hiperinflaciones latinoamericanas que se vivieron
procesos de dolarización espontánea de la economía.
También puede ocurrir los mercados seleccionen una nueva
mercancía como dinero: por ejemplo en la hiperinflación
rusa en las zonas rurales se desarrolló un patrón-trigo5.
Me gustaría hacer una reflexión sobre el proceso de
hiperinflación y la pérdida de funciones del dinero.
Tradicionalmente se suele atribuir al dinero al menos tres
funciones: depósito de valor, unidad de cuenta y medio de
intercambio; es curioso comprobar cómo a lo largo del proceso de
hiperinflación el dinero las pierde de forma paulatina.
En primer lugar, pierde la función de depósito
de valor. Los individuos perciben que la inflación no
va a parar y huyen hacia valores reales cambiando saldos de
tesorería en constante depreciación por bienes tangibles
acelerando el proceso de aumento de los precios en el mercado; en
segundo lugar, se pierde la función de unidad de cuenta.
La hiperinflación hace imposible el cálculo
económico, lo que tiene como consecuencia que los
individuos cometan graves errores empresariales (consumo de
capital, etc.); y finalmente el dinero se colapsa y
pierde incluso su función como medio de intercambio forzando a
los individuos a la vuelta al trueque y a la búsqueda de monedas
alternativas (como el trigo en Rusia, una divisa extranjera con
credibilidad, etc.). Para acabar con este análisis creo
que es interesante preguntarnos la siguiente cuestión. ¿En qué
punto puede considerarse que las emisiones de dinero pasan de ser
mera inflación a ser hiperinflacionarias? En principio, no
existe un acuerdo universal sobre este asunto. Algunos autores
como Phillip Cagan señalan que un país entra
en un proceso de hiperinflación en el momento en que los precios
de los productos aumentan mensualmente a tasas mayores del 50%
(como vemos, Cagan utiliza la definición neoclásica de
inflación); otros autores consideran que estos aumentos en los
precios tan sólo tienen que alcanzar tasas mensuales de entre un
20-30% para que pueda hablarse de hiperinflación. Sin embargo yo
creo que todos estos autores se equivocan. A mi modo de
ver, el punto de inflexión que marca el paso de una inflación a
una hiperinflación acontece cuando el dinero pierde su función
como depósito de valor; por tanto, no puede definirse una tasa
de crecimiento de los precios objetiva y válida para todo tiempo
y lugar que nos indique cuándo pasamos de una situación u otra,
pues el momento concreto en el que la moneda pierde esta función
depende completamente de las percepciones subjetivas de los
individuos que serán diferentes en cada contexto histórico.
Es decir, no hay una tasa técnica de crecimiento
de los precios que delimite el momento exacto en el que se puede
hablar de hiperinflación, sino que los procesos
hiperinflacionarios (sea el ruso, el alemán, el chileno, etc.)
comienzan en sentido estricto cuando la sociedad percibe que el
dinero ya no es un activo seguro para conservar su riqueza y
responde adoptando estrategias empresariales para sobrevivir en
esta situación de caos monetario. Consecuencias
de la hiperinflación: 1. Empobrecimiento
generalizado6:
El continuo envilecimiento del dinero hasta su extinción provoca
la desintegración de todo el sistema económico: el mercado
nacional desaparece y la producción se detiene. La pobreza, la
escasez y el desempleo se extienden por toda la economía
ocasionando muchas penurias y sufrimiento humano. La inflación
lleva a la mal inversión generalizada de los recursos escasos de
la economía, originando a una estructura productiva absurda,
despilfarradora, antieconómica y alejada de las verdaderas
necesidades y capacidades económicas de la sociedad. 2.
Los salarios reales se desploman: los precios crecen
más rápido que las retribuciones salariales provocando
importantísimas pérdidas de poder adquisitivo a los
trabajadores. Este efecto es especialmente dramático para los
empleados públicos, a quienes el ajuste salarial siempre les
llega más tarde (si les llega). 3. Se hace
imposible realizar cálculo económico alguno: sin
dinero no es posible el cálculo, y sin cálculo los individuos
no pueden enjuiciar el éxito o fracaso de los diferentes cursos
de productivos por lo que se encuentran a ciegas frente a qué es
y qué no es rentable producir. Esta situación además induce a
las empresas a ensayar procesos de consumo de capital
involuntarios, por lo que uno de los efectos más perjudiciales
de las hiperinflaciones es la fuerte reducción del equipo
capital, hecho que empobrece aún más a la sociedad. 4.
Efectos redistributivos: Con la hiperinflación la
relación de deudas deja de tener significado, los acreedores
pierden todos sus derechos y los deudores se ven libres de sus
obligaciones y consecuentemente la deuda pública se reduce a
cero. Además, los perceptores de rentas fijas sencillamente se
arruinan: pensionistas, propietarios que perciben alquileres,
etc. 5. A lo largo del proceso de hiperinflación
los tipos de interés se disparan, pero suele ocurrir
que el mercado crediticio no logra seguir el crecimiento de los
precios y finalmente desaparece debido a las pérdidas en que
incurren los prestamistas. 6. Financiación del
Estado: La hiperinflación provoca que la recaudación
de impuestos deje de tener sentido. Durante el proceso, el camino
para la financiación estatal pasa por imprimir dinero a tasas
cada vez más aceleradas; algunos gobiernos también recurren a
incautaciones físicas de recursos o a exigir impuestos en
especie; sin embargo la mayor parte de la financiación suele
realizarse mediante la emisión de dinero. Por tanto, en
el momento en que el público repudia el dinero estatal esta
fuente de financiación se termina; probablemente éste es el
motivo más poderoso por el que los gobiernos deciden introducir
una nueva moneda: para poder seguir financiándose de una forma
regular. Artículo elaborado por David Sanz Bas
(Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad
Complutense de Madrid, miembro del Instituto Juan de Mariana), y
originalmente publicado en portaloro y en la revista
online de Friedrich Hayek de Argentina. El autor
agradece enormemente los comentarios de Juan Ramón Rallo,
Philipp Bagus y Daniel Luna. Notas
1 La definición de inflación como aumento general
del nivel de precios es confusa, arbitraria e imprecisa: confunde
las consecuencias con las causas de estos aumentos en los precios
y no es objetivamente cuantificable. 2 Como
lúcidamente señala Mises en una inflación los precios de
algunos bienes al principio pueden llegar incluso a bajar si esos
bienes son mayoritariamente demandados por los individuos que
reciben el nuevo dinero en último lugar y, consiguientemente, su
renta real y su poder adquisitivo disminuyen fuertemente y, por
este motivo, estas personas se ven obligadas a reducir sus
demandas de estos productos, provocando que sus precios bajen.
Mises (2004), p. 497 3 Concepto de nivel
de precios es falaz, pues lo que de verdad hay en el mercado son
multiplicidad de bienes con sus respectivos precios que,
efectivamente, tenderán a subir, ceteris paribus si se
incrementan las existencias monetarias, pero en ningún caso lo
harán uniformemente ni de modo coetáneo. 4
Rothbard (2001), p. 875, en concreto dice: "The social
demand for money, in short, increases. As a result, prices tend
to increase less than proportionately to the increase in the
quantity of money. The government obtains more real resources
from the public than it had expected, since he public's demand
for these resources has declined". 5 En
este sentido merece la pena leer la teoría del origen del dinero
que Carl Menger escribió en el capítulo VIII de sus Principios
de economía política. 6 Rothbard ilustra muy
bien esta situación de desorden social a la que lleva la
hiperinflación cuando dice: "When this runaway stage is
reached, the economy in effect breaks down, the market is
virtually ended, and society reverts to a state of virtual barter
and complete impoverishment". Rothbard (2001), p. 876
Bibliografía Mises, L.
(2004), La acción humana. Tratado de economía, Unión Editorial
Madrid, 7ª Edición Rothbard, M. N., (2001), Man, economy
and the state, The Ludwig von Mises Institute, 4ª Edición,
Alabama Menger, C. (1997), Principios de economía
política, Unión Editorial, Madrid, 2ª Edición