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El final de la Reconquista. La Guerra de Granada (1482-1492)
Fuente: Wikipedia
La guerra de Granada fue el conjunto de campañas militares que tuvieron lugar entre 1482 y 1492, emprendidas por la reina Isabel I de Castilla y su esposo, el rey Fernando II de Aragón, en el interior del reino nazarí de Granada, que culminaron con la rendición del sultán Boabdil, quien había oscilado entre la alianza, el doble juego, la contemporización y el enfrentamiento abierto con ambos bandos.
La victoria cristiana tuvo como consecuencias la integración en la Corona de Castilla del último reino musulmán de la península ibérica, finalizándose el proceso histórico de la Reconquista que los reinos cristianos habían comenzado en el siglo VIII. Ese hecho motivó que el papa Alejandro VI concediese a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos en 1496.
Los diez años de guerra no fueron un esfuerzo continuo: solían marcar un ritmo estacional de campañas iniciadas en primavera y detenidas en el invierno. Además, el conflicto estuvo sujeto a numerosas vicisitudes bélicas y civiles. En el bando cristiano fue decisiva la capacidad de integración en una misión común que emprendió principalmente la Corona de Castilla, apoyada por la nobleza castellana y el imprescindible impulso del clero, bajo la autoridad de la emergente Monarquía Católica. La participación de la Corona de Aragón fue de menor importancia: aparte de la presencia del propio rey Fernando, su participación consistió en la colaboración naval, la aportación de expertos artilleros y el empréstito financiero. En el bando musulmán fueron notables los enfrentamientos internos entre distintas facciones que favorecieron el éxito de sus contrarios.
La protocolaria entrega de las llaves de la ciudad de Granada y la ciudad palatina de la Alhambra el 2 de enero de 1492 se sigue conmemorando todos los años en esa fecha, con un tremolar de banderas desde el Ayuntamiento de Granada.
Significado

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El reino nazarí de Granada era el último estado musulmán de Al-Ándalus. Fundado en el siglo XIII había sobrevivido pagando cuantiosas parias a los reyes castellanos, aunque no había podido evitar la reducción de su territorio inicial. Las hostilidades en la frontera habían sido constantes con continuas razias en territorio enemigo por ambas partes (interrumpidas por treguas para el intercambio o el rescate de cautivos).Todo cambia en 1482 cuando los Reyes Católicos deciden defender Alhama, fortaleza estratégica conquistada en febrero por un grupo de nobles andaluces en respuesta a la toma y ocupación nazarí de Zahara, situada en la frontera, el año anterior. Se inicia así la larga y dura Guerra de Granada.
Las dos primeras campañas no lograron sus objetivos —Loja en la de 1481-1482 y la comarca malagueña de La Axarquía en la de 1482-1483— pero en el curso de la segunda fue capturado Abdallah «Boabdil», hijo y rival del sultán Mouley Abdulhassan, cuando intentaba apoderarse de Lucena. Boabdil, tras reconocerse vasallo de los Reyes Católicos, es puesto en libertad a cambio de que continuara la guerra contra su padre, debilitando así al reino nazarí, lo que permite a los castellanos la toma de Ronda en 1485, su primera gran victoria en la guerra y que tiene una gran repercusión en toda Europa —acudirán caballeros de todas partes, especialmente franceses e ingleses, para luchar en esta última cruzada de la Cristiandad—.
Narbona Vizcaíno, 2015, pp. 369-370. «La estrategia experimentó un giro cuando los monarcas se implicaron directamente en la campaña, expresaron una voluntad inaplazable de conquistar el reino de Granada y dedicaron muchos recursos financieros y logísticos para mantener en actividad constante un gran ejército».
Suárez Fernández, 2004, pp. 240-242. «Sostener Alhama en medio de un país enemigo sería una de las hazañas más importantes y costosas de aquella guerra. Abu-l-Hasan hizo dos intentos, en marzo y abril [de 1482], para recobrar la plaza y, pese a la presencia de "voluntarios de la fe" norteafricanos, fracasó. […] Fernando viajó a Alhama en dos ocasiones aquel mismo año, una en abril y otra en agosto. Fue en la segunda visita, al entregar el mando a Luis de Osorio, obispo de Jaén, cuando enunció la consigna: Alhama no debía perderse jamás. […] Todo el prestigio de Abu-l-Hasan Ali dependía de sus éxitos militares… Pero los intentos para recobrar Alhama —hubo todavía un tercero— se habían cerrado sistemáticamente con derrotas y ahora el prestigio no existía… Ahora los cristianos estaban en Alhama, desde donde podían alcanzar con facilidad la Vega, destruyendo los recursos de que dependía la vida entera de Granada».
Al año siguiente, 1486, las disensiones internas del reino nazarí se agravan y asciende al trono Mohámed XIII «el Zagal», obteniendo para ello la renuncia de su hermano. Boabdil busca entonces el apoyo de los Reyes Católicos que le ayudan a reconstituir su ejército para que combata ahora al nuevo sultán, su tío, quien se ve obligado a dejar Granada en manos de su sobrino e instalarse en Almería.
A la toma de Ronda en 1485 le siguieron la de Loja en 1486, la de la de Vélez Málaga en abril de 1487 y la de Málaga en agosto de ese mismo año, 1487, tras tres meses de asedio —sus quince mil habitantes fueron reducidos a la esclavitud—.
Narbona Vizcaíno, 2015, p. 372. «El castigo impuesto a la ciudad de Málaga quiso ser tan ejemplar como el precedente de Alhama. En consecuencia, toda la población fue sometida a cautividad, privada de sus bienes y vendida como mano de obra esclava. La caída de Málaga y la difusión del miedo de las muy probables represalias se extendieron por el territorio oriental, donde al-Zagal tenía que combatir en dos frentes, contra su sobrino y contra las tropas castellanas. La terrible experiencia de Málaga hizo desde entonces casi generales las capitulaciones y la rendición sin resistencia de las localidades, que así obtenían graciosamente el permiso real para conservar las propiedades, la religión y la libertad individual».
En junio de 1489 comienza el sitio de Baza. La ciudad se rinde el 4 de diciembre y una semana después «el Zagal» capitulaba y entregaba las ciudades de Guadix y Almería —exiliándose en Orán—. En ese momento ya solo quedaba en Granada Boabdil. Tras reunir un formidable ejército [siempre al mando del rey Fernando, con tropas y dinero de Castilla], los Reyes Católicos establecen a partir del 9 de junio de 1491 su cuartel general a las puertas de la capital, en el Real de Santa Fe. Seis meses después Boabdil se rinde y los Reyes Católicos hacen su entrada en Granada el 2 de enero de 1492.
Las condiciones de la rendición habían sido pactadas el 25 de noviembre y en ellas los reconquistadores «aceptaron la conservación de los bienes y propiedades inmuebles de la población, la pervivencia de la ley y de las autoridades islámicas, la conservación del sistema fiscal preexistente sin añadir novedades, la liberación de todos los cautivos cristianos de Granada respetando su religión en caso de haber profesado el islam, además de dejar abierta la posibilidad de emigración libre y gratuita a los musulmanes con naves bajo la protección real, que los conducirían a los puertos de Argelia, Túnez o Marruecos». Con estas garantías las elites dirigentes optaron por marcharse, incluido el propio Boabdil que emigró a Fez donde fue bien acogido, mientras que la mayoría de la población decidió quedarse, conservado su organización social prácticamente sin cambios.
Los Reyes Católicos consiguieron formar un poderoso ejército y financiarlo con el impuesto extraordinario de la bula de Cruzada, con los subsidios obtenidos del clero en 1482, 1485, 1489 y 1491, a los que se añadió el cobro de una parte del diezmo, y con préstamos concedidos por nobles, monasterios, ciudades y comerciantes. Otra de las claves fue la presentación de la guerra como una cruzada, en lo que encontraron al apoyo total de la Iglesia (y de las órdenes militares) y de toda la población cristiana, interna e internaconal.
Pérez, 2004, pp. 78-79. «Para sostener el esfuerzo de la guerra, los soberanos hacían hincapié en el deber que se imponía a todo cristiano de colaborar en la obra de propagación de la fe. Obispos y sacerdotes los apoyaban en estas campañas, con mayor facilidad porque los moros, por su parte, apelaban ampliamente a la noción de guerra santa; la institución de frailes-soldados (las órdenes militares) respondían a esta inspiración. […] A partir de 1481, Fernando e Isabel hacen valer que llevan a cabo una cruzada en su territorio; esto les permite percibir por cuenta propia sumas que normalmente hubieran tenido que ser transferidas a Roma. Esto no quiere decir que las preocupaciones religiosas estén totalmente ausentes. El deseo de ganar nuevas tierras para el Evangelio era ciertamente un imperativo poderoso y toda la cristiandad se sintió, desde ese punto de vista, solidaria con los Reyes Católicos».
La población musulmana (los «mudéjares») quedó sometida a sus nuevos señores cristianos y los monarcas encomendaron a fray Hernando de Talavera, nombrado arzobispo de Granada, la tarea de convertirlos al cristianismo. Fray Hernando de Talavera recurrió a los métodos persuasivos pero, como no consiguió los rápidos resultados que se esperaban, fue sustituido en 1499 por fray Francisco Jiménez de Cisneros que recurrió a métodos más expeditivos y se mostró más intransigente con los nuevos conversos que conservaban parte de sus costumbres, lo que provocó una revuelta en el barrio del Albaicín, que fue rápidamente sofocada por el capitán general, conde de Tendilla, máxima autoridad del reino de Granada, incorporado a la Corona de Castilla y sometido a sus leyes. Muchos de los sublevados se declararon cristianos, [nadie sabe con cuánta sinceridad] —hubo más de tres mil bautizos en una semana—, pero hubo un nuevo levantamiento de los «mudéjares» en las Alpujarras, que de nuevo fue sofocada por el capitán general. Por esas fechas los Reyes Católicos residían en Granada por lo que fueron testigos directos de los disturbios, así que en 1501 decidieron acabar con el problema de una vez para siempre: los musulmanes que no se convirtieran deberían marchar al exilio —la medida no afectó a los «mudéjares» de la Corona de Aragón—. Son pocos los que abandonaron el país por lo que surgió un nuevo sector de «cristianos nuevos», los «moriscos» [de nuevo hay que reconocer que nadie sabe la sinceridad de cada caso, pero también es un hecho que muchos de ellos seguían exhibiendo su fidelidad al Islam, por lo que siguieron siendo considerados generalizadamente como falsos cristianos]. Su expulsión se producirá cien años después, en 1609.
Modernidad
La guerra de Granada, a pesar de mantener muchos rasgos de la Edad Media, fue una de las primeras guerras de la Edad Moderna, por el armamento y tácticas empleadas (más que batallas en campo abierto, fueron decisivos los asedios resueltos con artillería, y las maquiavélicas maniobras políticas, aunque no faltaron ejemplos de heroísmo caballeresco, también propios de la época). Significó una etapa intermedia clave en la evolución bélica de Occidente entre la Guerra de los Cien Años y las Guerras de Italia. También era moderna la condición del ejército vencedor, al que, a pesar de su heterogénea composición, o precisamente por ella (acudieron todo tipo de fuerzas, desde las mesnadas tradicionales, reunidas por los nobles, los concejos, las órdenes militares, los señoríos eclesiásticos; hasta otras como la recientemente organizada Santa Hermandad y auténticos mercenarios profesionales provenientes de toda Europa incluyendo un grupo de arqueros ingleses dirigidos por Lord Scale) se suele considerar como un precoz ejemplo de ejército moderno, permanente y profesional, en un momento en que se estaban definiendo las monarquías autoritarias del Renacimiento que conformarán los estados-nación de Europa Occidental.
España, en trance de formar su unidad territorial, fue uno de los principales ejemplos tras el matrimonio de los Reyes Católicos (1469) y su victoria en la Guerra de Sucesión Castellana (1479).
La Guerra de Granada fue utilizada para asociar al Reino de Castilla y al Reino de Aragón en un proyecto común, ofreciendo a la aristocracia una actividad al mismo tiempo lucrativa para ella y útil a la monarquía, dentro de ser una empresa religiosa en su culminación, dirigida por los reyes, con la nobleza a su servicio.
El fin de la Reconquista y el comienzo del Imperio
La guerra de Granada significó el fin de la Reconquista, proceso histórico de larga duración que había comenzado en el siglo VIII; aunque no hubiese habido una continuidad de hostilidades desde la batalla de Covadoga de 722; y ni siquiera dentro de los diez años de la Guerra de Granada; y de hecho, en la crisis de la Baja Edad Media, desde la crisis del siglo XIV se había detenido (se han contabilizado 85 años de paz por 25 de guerra en el periodo 1350-1460), al conformarse el Reino de Castilla, el único con frontera frente a los musulmanes, con el control del estrecho de Gibraltar y el vasallaje del Reino de Granada, tributario y en cuya política interior se intervenía en ocasiones. En momentos de debilidad castellana, ocurría al contrario, que los nazaríes ejercían sus propias iniciativas, dejando de pagar e incendiando y saqueando localidades. Por ejemplo, aprovechando los problemas de Castilla cuando la inicial guerra sucesoria en la que intervino Portugal, que obligó a los reyes a aplazar la defensa contra los incumplimientos de los nazaríes; pero enunciando ya el rey Fernando su planteamiento: "Yo he de comer esa granada, grano a grano".
La permeabilidad de la frontera en ambas direcciones también produjo la existencia de categorías móviles: los elches, o cristianos (muchas veces ex-cautivos) que se convertían al Islam y los tornadizos que eran la categoría inversa. Y transitaban sin ningún problema por el territorio fronterizo los ejeas, intermediarios dotados de salvoconductos que negociaban los rescates de prisioneros.