Los libros deuterocanónicos de la Biblia
Infocatolica 10.05.10 Daniel Iglesias http://infocatolica.com/blog/razones.php/1005201216-los-libros-deuterocanonicos-d
Daniel Iglesias Grèzes católico laico, uruguayo, nacido en 1959, casado con María Alejandra, con tres hijos: María Inés, Juan Pablo y Santiago José. Ingeniero Industrial, Magister en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología.
Contrariamente a lo que sostienen muchos protestantes fundamentalistas, la Iglesia Católica no agregó ningún libro al Antiguo Testamento. Antes de Cristo hubo dos versiones del canon del Antiguo Testamento: una corta (la de los judíos palestinenses) y una larga (la de los judíos alejandrinos y helenistas). La versión larga incluía siete libros más que la corta: Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, Sabiduría, 1 Macabeos y 2 Macabeos. También incluía algunas adiciones a los libros de Ester y Daniel. Hay indicios de que los judíos palestinenses también apreciaban y usaban esos libros, aunque no los admitían como canónicos.
Después de Cristo los judíos, al cabo de un
cierto proceso, abandonaron el canon alejandrino y mantuvieron
sólo el canon palestinense, el mismo de la Biblia hebrea actual.
Sin embargo, la Iglesia primitiva utilizó sobre todo la
Biblia de los LXX, la más antigua versión del
Antiguo Testamento en griego (compuesta en Alejandría en los
siglos III, II y I antes de Cristo), que incluía los siete
libros enumerados. El Nuevo Testamento contiene unas 300
citas de la Biblia de los LXX. Muy pronto
los cristianos se dieron cuenta de que la Iglesia tenía
autoridad para determinar el canon de la Biblia,
independientemente de Israel.
Durante siglos hubo algunas discusiones dentro de la Iglesia
Católica sobre la autenticidad de esos siete libros, que a
partir de cierto momento fueron llamados deuterocanónicos,
para distinguirlos de los demás libros de la Biblia, llamados
protocanónicos. Por ejemplo, San Agustín se
pronunció a favor de la canonicidad de los deuterocanónicos,
mientras que San Jerónimo mantuvo una actitud reticente y algo
contradictoria hacia ellos. Aunque ya en torno al año 400
varios documentos papales y sínodos se habían pronunciado a
favor de la canonicidad de los deuterocanónicos, las
discusiones prosiguieron (en parte debido a la opinión
de San Jerónimo), a pesar de lo cual a lo largo de los
siglos una mayoría cada vez más grande de los cristianos los
consideró como canónicos. Finalmente, la cuestión fue resuelta
de un modo explícito y autorizado, a favor de la canonicidad, en
los Concilios Ecuménicos de Florencia (1442) y de Trento (1546).
En el siglo XVI, Lutero (sin autoridad para
ello) quitó esos escritos del canon de la Biblia, en el ámbito
protestante. Por lo tanto, ocurrió lo contrario de lo que
afirman los protestantes fundamentalistas: los protestantes
quitaron siete libros de la Biblia, los deuterocánicos. Para
los católicos todos los libros de la Biblia son igualmente
canónicos.
Por otra parte, se puede decir que la Iglesia Católica sí
agregó unos cuantos libros a la Biblia, pero no en el Antiguo
Testamento, sino en el Nuevo Testamento. En verdad todos los
libros del Nuevo Testamento fueron escritos por miembros de la
Iglesia Católica, fundada por Jesucristo.
Lutero, a su vez, estableció un falso canon dentro del canon al convertir su herética doctrina de la justificación por la sola fe en la vara con la que se deberían medir todas las enseñanzas del texto de la Biblia, recibido por los protestantes de la misma Iglesia Católica. Así Lutero se sintió tentado de quitar del canon bíblico también la carta de Santiago (contraria a su teología personal de la sola fe), la carta a los Hebreos, la carta de Judas e incluso el libro del Apocalipsis, pero al final se conformó con considerarlos menos inspirados (!?). Sin embargo, para un texto bíblico dado sólo caben dos posibilidades: o está inspirado por Dios o no está inspirado por Dios. No puede estar medio inspirado, por la misma razón que una mujer no puede estar medio embarazada.
Daniel Iglesias Grèzes
Notas:
1) Este artículo es una versión corregida y aumentada de un
mensaje enviado al Foro de Religión de Starmedia el día
18/01/2002.
2) Agradezco los valiosos aportes de Mons. Dr. Miguel Antonio
Barriola para este artículo.